29 de diciembre de 2014

2014

Entrada a dos manos. El primer párrafo lo escribe Vic, el segundo Cris... y sucesivamente.

2014.
Este me ha enseñado que como siempre la vida se escurre entre los dedos sin dejarse clasificar, sin dar tregua para decidir si fue bueno ese año, o si no lo fue, o si tal vez lo fue todo a la vez y al mismo tiempo.

Y yo que pensaba que tendría 365 oportunidades más, como si el mundo no hubiese girado mientras me quedaba en mi casa sentada, esperando que mis deseos llegasen como un soplo de diente de León.

Y yo que creía que el amor se podía etiquetar; que las palabras se entienden mejor que una caricia; que Dios ya no nos quería escuchar.

En vez de esto he aprendido que la calma a veces es el mejor refugio para una tormenta de sentimientos, que los gritos desgarrados o de negra (como diría un bohemio que conozco) valen más que cualquier consejo. He aprendido que los diluvios inundan vidas, pero que no sólo el sol es capaz de disuadirlos: también los amigos.

Que la receta de la felicidad varía según el paciente, y que las verdades amargas son más dulces que el cobarde que no las afronta. Y que al final no hay nada peor que el miedo a cambiar; el miedo a encarar la línea de horizonte, el miedo a dar un paso, el miedo a dejarte atrás.

He aprendido que estar triste no es lo mismo que hundido, y eso que a la gente le da por confundir términos. Ni es lo mismo ser independiente que libre, pero qué bien sienta echar a volar de todas formas. He aprendido que quien te quiere, no te daña, y quien diga lo contrario vive en una lucha constante con la realidad; que asumir errores te hace más fuerte y ocultarlos te mancha de debilidad.

Ahora sé que el sinónimo más cercano a la tristeza se pronuncia rutina, y se deletrea en torno a las horas perdidas de los siete días de una semana de enero bajo la lluvia. Que mi tipo favorito de gente es una mezcla única entre locura y lealtad, que las mejores personas saben galopar desbocadas sin soltarte la mano. Y que la distancia mucha veces es mayor con el que está a tu lado que con el que se encuentra lejos.

También he aprendido que la gente te sorprende y lo gratificante que es equivocarse. Que los prejuicios y juicios no son más que inseguridades, envidias o miedos, y que un miedo no siempre es malo, a veces necesitamos un chute de Humanidad.

Pero sobre todo este año me ha enseñado a dar las gracias. Gracias por tanta felicidad, tanto amor, tanto apoyo. Gracias por dejar tan claro que los recuerdos se reducen a aquellos junto a quien los vives, que cualquier cosa se supera acompañada. Gracias a la vida.

Esta entrada se la queremos dedicar a nuestras personas más importantes del 2014...

V... En primer lugar a mis padres por tanto, tanto, tanto. A Paula, a Marcos, a mis abuelas y a toda mi familia, a Belén, María, Andrés, Guillermo, Pedro, Grady, y tantas personas más que he conocido este año y espero no olvidar nunca, aunque no mencione todos sus nombres. Y por supuesto, como siempre, a mi ángel de la guarda, mi Abu, que aunque no esté, ha estado conmigo todo el año. Ah, sí, y a una rubia que yo me sé. C... Por una vez sobran las palabras.

C... A mis Jander, por formar ese gran equipo que llamamos familia; a mis caracolas, a Carlos, a mis chicos de la ECH, a mis bejaranas, a Irie y tantos otros que he conocido más y más a lo largo de este año. A V, por hacer que este tándem a dos manos siempre valga la pena. Pero en especial a quienes estabais en mi mente cuando escribía estas entradas... Y a Calojupe, siempre a Calojupe, porque los ángeles existen.

C y V.




21 de diciembre de 2014

Indecisos de su propia decisión

Lo echa de menos y las pistas de su cuerpo le piden que aterrice en ellas con besos, de esos que le daba en días de hielo y los volvían eternos. Lo echa de menos y su mirada se pierde entre parejas que bailan, que sueñan, que aman y no hablan; entre semáforos en ámbar expectantes a que huya, indecisos de su propia decisión. Lo echa de menos y su risa revive con la llegada del invierno, ese que tanto le gustaba por su frío y sus vientos, ese que hacía que los susurros fuesen fuego en sus oídos y convertía las noches en momentos de anhelo. Lo echa de menos y no sabe decirle a sus ojos que paren de llorar, que el agua se la deja a esa lluvia que tanto los hizo bailar; siempre habían ido a contracorriente del río. Lo echa de menos y sus versos se confunden con veneno que se disfraza de depredador ávido de sangre y amor, que hiere, pero no mata, que le tiende el abrazo, pero no le da caza.
C.
 

8 de diciembre de 2014

¿Eres mejor de lo que eras ayer?

Cuando intuyes que el tiempo es una mera elipsis que habitamos, o más bien sufrimos, de lo que de verdad existe en los momentos anteriores y posteriores a nuestra vida. Cuando te das cuenta de que lo que conocemos mientras respiramos no es sino una mínima parte de lo que de verdad existe, pero no es accesible para nuestras capacidades limitadas, para nuestra reducida comprensión. Cuando descubres, por lo tanto, que el abanico de experiencias y estímulos que puedan llevarnos a razonamientos o deducciones por los que tengamos conocimiento de lo que sí está a nuestro alcance, y que ni tú ni yo, ni si quiera el mejor o el más preparado para ello, es capaz de recopilarlos todo en una sola vida... Te das cuenta de dónde está el límite de la humanidad. Y cuando mides en una balanza tus capacidades con tus progresos, te das cuenta de dónde está tu limite. Es entonces cuando el equilibrio de la ignorancia desaparece, la estabilidad de la conciencia se ve turbada por pinceladas de grandes hazañas y es ahí cuando reconoces que tus expectativas cercanas son poco para lo que de verdad eres capaz de alcanzar.
Vivo en constante inspiración y frustración, entre ilusiones y desencantos el tiempo suele expandir sus dominios reduciendo mi zona de confort. Porque cada día soy más parecido al anterior y ayer ya dejé pasar muchas oportunidades, cuando lo que realmente pensaba al verlas pasar era: "cambia,  elige diferente". La realidad tiene límites, no puede existir en un objeto más materia de la que realmente contiene, pero las oportunidades y desafíos que se nos presentan durante esta existencia limitada te acercan horizontes. Ayer elegí que hoy quería ser mejor persona y en ese momento fui mejor persona de la que era antes de ayer y, si sigo así, mañana lo seré aún más.
Me gusta la utopía de que no existen los límites porque un argumento típico de un cínico para decirte que no eres capaz de hacer algo es que nadie lo ha conseguido todavía. Los límites de la humanidad han sido rozados por humanos que de forma individual han intentado acercarse antes de ser considerados límites, y yo soy humano. No diré si hay o no límites, pero cada situación nueva a la que nos enfrentamos nos hace estar más cerca del nuestro. Mi límite soy yo en mi máximo exponente,
y vivir en constante proceso de cambio y aprendizaje me hace parecerme cada vez más a lo que quiero ser. ¿Eres mejor de lo que eras ayer?
P


 
 

1 de diciembre de 2014

Y sin sentido.

El mundo está lleno de poesía.
Como esa que comienza con la curva de su espalda caminando calle abajo, y en ambos lados de su cuerpo las aceras llenas todas con las historias que brotan de los pasos de cada persona que acelera, deambula, se pierde y continúa.
Alcanza el final de la calle y- para, basta, quién es, frena en seco- esa cara se le clava en la boca de estómago como un verso. Se llena la esquina con las palabras que no se dicen esos dos que rehuyen la mirada y se marchan, cada cual robándole al otro un enredo de recuerdos y deseos que entierra dentro con el aliento de un anhelo secreto. 
El mundo está lleno de poesía.
Como esa que termina con un corazón latente que corre hacia ningún lugar intentando olvidar que a veces perdemos las alas, la cabeza y el rumbo por una figura inesperada en el otro lado de la acera- 
que querer sólo se puede explicar así. Sin explicaciones.

V.


27 de noviembre de 2014

A su lado

Hace algunos años me creía la reina del mundo; lo estaba descubriendo y todas las opciones se expandían por mi mano como un universo infinito que nunca terminaría. Estaba en la cúspide y no escuchaba a nadie que llevase la contraria a mis pensamientos. No por orgullo, sino por humanidad. Descubría por mi cuenta aunque doliese, como si no fuese más fácil aceptar que quizá había alguien con una vida un tanto más larga que la mía. Tenía el poder de ser todo y la posibilidad de acabar en nada. Luego me enfadaba cuando alguien no seguía mis consejos, cuando solo oían mi voz, pero no la escuchaban. Pensaba que al no tomar mis advertencias, las personas no confiaban en mí. Elucubraba en mi cabeza sin darme cuenta de que yo era la primera que huía por completo de lo que los demás me dijeran.
Con el tiempo me he topado con situaciones en las que lo he pasado realmente mal cuando he tenido que susurrar un mítico "te lo dije" de forma casi inaudible. Ver a personas que quieres pasar por situaciones parecidas a las tuyas pudiendo haberlo evitado te rompe por dentro. La clave está en que nunca lo habrías podido evitar por mil kilos de voluntad que hubieses puesto al asunto.
He aprendido que las amistades, el amor, el hecho de querer a las personas no se trata de arrasar sus vidas. Ni de llevarlas a tu terreno, o de intentar influir en ellas creyéndote poderoso. No se trata de corregir ni de hablar pensando que te van a escuchar. Normalmente solo oímos porque creemos tener la respuesta correcta en esas opciones desplegadas en nuestra mano. Tampoco se trata de cambiarlas; las personas no cambiamos, es nuestra esencia la que evoluciona en base a nuestra experiencia.
Ya no me miento pensando que tengo el poder sobre alguien y es que existe una línea muy fina que he aceptado no pasar. Una línea que divide al individuo de su sociedad. Una línea que algunos llaman privacidad. Tras esa línea está la vida que nos pertenece por completo. Nuestros errores, nuestras caídas, nuestros aciertos. Nuestros encuentros y desencuentros. Ahí está guardada la libertad para arriesgar. Libertad que protegemos con celo; no intentes cortar las alas a nadie. Ya no pienso que permanecer al lado en silencio supone resignarme o perder la partida. Es todo lo contrario: supone ganar, transmitir confianza y no autoridad. Es proteger, pero no frenar. Reforzar y nunca forzar. Apoyar. Amar.
C


19 de noviembre de 2014

Bang

No tengas las cosas claras. No busques un camino recto a través de cada día- que eso no puede ser, no funciona el corazón para suponer que conoce sus propios latidos... Como si no fuésemos todos terremotos que nunca saben adonde llegan girando, como si se pudiese contener dentro de los siete días de la semana lo que siente el que vive y llora y grita. Y es que si pudiese adivinar adonde voy, ahí que me iría; si me supiese las coordenadas de este destino recorrería el trazo del camino en un mapa dibujado a recta de cuadrícula y llegaría paseando.
Pero nosotros somos más de ir dando tumbos en la oscuridad, sin saber, sin entender, cruza los dedos que igual no nos caemos. Pero no me pidas una explicación detallada de lo que pasa por mi cabeza, qué, qué, qué, yo no lo sé, a veces pasa simplemente el abrir los ojos sin darte cuenta de nada. A veces tiran demasiado las ganas de echar a correr tras el golpe seco de un portazo y hasta luego.

V.


9 de noviembre de 2014

Del des-amor y otras cosas

El otro día lloré; hacía mucho que no me pasaba. Y cómo no: me acordé de ti. Había hablado con ella de la vida, las ausencias, el desamor. Me asomé a la ventana y te vi. Nos vi. Y tuve miedo, un miedo que llevaba años sin sentir. Recordé cómo es ser pequeña y esas pesadillas que los cuentos con moraleja provocan. Como si algún día hubiese dejado de creer en ellos; yo qué sé. Sentí frío, me congelé. Me encontré vacía, me di cuenta de que te habías ido. Creo que era la primera vez que comprendía tu ausencia porque dolerla, la había dolido hacía ya muchos meses. Pero no así. Me sentí indefensa, sin una parte de mí y entendí que jamás la iba a volver a tener. Y es que no sé qué le pasa al desamor, igual se ha vuelto loco, pero le ha dado por hacer que las personas se entreguen parte de su corazón. Como si tuviésemos más de uno para poderlo recuperar en caso de pérdida. Que he olvidado parte del mío desde que te fuiste y no sabes qué  frío. Que sí, que sí, que yo era de las que defiende el invierno y todo ese rollo, pero este es el primero sin ti y el café y las charlas te echan de menos. Que me he dado cuenta de que tengo miedo de no volver a amar, de tener mucha teoría, que no me quede práctica. Creo que el motor te los llevaste con esa parte de corazón que el desamor me obligó a entregar. Que tengo miedo de tu foto, de que se borre el recuerdo, como ese dibujo en el suelo. Tengo miedo de que seas una imagen en la mente, de que no nos quede más. Que me sientas extraña, desconocida, que no disimules, o lo hagas tan bien que acojone. Y volvemos al miedo y a la mierda de perderte. O al miedo a perderte. Es que no sé a que viene la idea que inculca la sociedad de que dos personas que hayan sido una no se echen de menos. Que no está permitido el necesitarse, que hay que aparentar ser independientes y retomar una vida que en algún momento planearon juntas. Como si fuese tan fácil volver a nacer después de la muerte.
C.

2 de noviembre de 2014

Medias tintas

Dame un grito de garganta profunda, un partir sin promesa de retorno, un naufragio sin supervivientes. Dame esas lágrimas que no se pueden contener, el cristal que se estrella contra el suelo, la forma tajante de la palabra adiós. Dame un dolor que desgarra por dentro, un incendio descontrolado, una desolación a punta de puñal.
Lo que no quiero que me des: no me des una rutina en la que ya no sienta nada, una repetición del día a día en la que gira y gira mi cabeza, una calle sin salida. No me des un pájaro enjaulado ni miradas de reojo que son pura cobardía. No me des las horas que no pasan, estas cuatro paredes, un remolino de agua en el que no sé nadar pero en el que no acabo de ahogarme.
Quítame la vida, pero no me quites las ganas de vivir.

V.

29 de octubre de 2014

Carta al que más quiero


Mi amor, te voy a hacer caso y voy a intentar esto de escribir. Empezare contándote algo que me perturba desde hace muchos días. Vamos allá:

¿Alguna vez te has planteado lo que significa ser alguien? Y no me refiero a ser alguien en cuanto a ser conocido, sino a ser algo, formar parte de algo... Esto me recorre la cabeza todos los días, y creo haber llegado a una conclusión. 
Todo el mundo es alguien. 


Lo de estudiar para ser alguien puede ser la mayor chorrada que haya oído nunca. Uno ya es lo que quiere ser solo por querer serlo. La perseverancia de un sueño ya lo hace realidad. Piénsalo... (Tú siempre seras mi mejor ejemplo). El otro día te pregunté qué querías ser, ¿te acuerdas? Y me contestaste: yo quiero ser futbolista.

Bueno, pues la cuestión es que tú ya eres futbolista. Tú ya lo eres porque eso que te lleva a decir, "quiero ser futbolista" es lo que te convierte en ello. Yo, por ejemplo, ya soy médico porque sé que al quererlo tanto, podría enfrentarme a cualquier obstáculo en el camino a ayudar y a cuidar a las personas. Estudiar solo me llevaría a saber más sobre la medicina pero NO me llevaría a ser médico. Té vas a entrenar para crecer sobre tu base en el fútbol. Pero esa base ha nacido en ti y ni ochomil entrenos más te harán ser más futbolista de lo que ya eres. Con esto quiero decir que me parece increíble tener un sueño en la vida, y los pocos que la gente tiene, por preocuparse demasiado en cumplirlos cuando, en realidad... ya los tienen.

A.


20 de octubre de 2014

Funambulismo sobre sentimientos y otras formas de sobrevivir al miedo


Durante toda mi vida he hecho funambulismo en una cuerda a mil kilos de sentimientos contrarios de altura. Me decían que aguantase hasta el final. Que el balanceo nunca es lo correcto; el equilibro sí. Y, bueno, tiraba hacia delante. A veces me soltaba y acababa colgada, que es más lo mío. Vivía de cerca el vértigo que da poder caer, me rozaba la cara, pero nunca me liberaba del todo. El espectáculo jamás pasó de estar colgada desde el cielo y la mierda a lo que llaman normalidad.

El oto día estaba hablando con una amiga y me dijo algo que tiene grabado como un mantra en su cabeza: “Que alguien te haga salir de la zona de confort, eso, Cris, es lo que engancha”. Y joder si es adivina.

Supongo que su zona de confort es lo que para mí el funambulismo sobre sentimientos: miedo y adrenalina separados por una línea tan fina que por poco es invisible. A veces se confunden. Empiezan como una angustia en el pecho, un calambre en los nervios. Pero nunca terminan igual. El miedo está ahí, latente en la garganta. Paraliza, nos deja mudos, colgando de una mano que solo se balanceará. La adrenalina no. La adrenalina recarga las pilas, nos permite no solo rozar el vértigo, sino hacernos uno con él. Soltarnos y dejarnos caer. Que ahí están las nubes para sujetarnos y, si ellas se apartan, siempre nos quedarán los kilos de sentimientos donde estrellarnos. Esa es su función.

Quiero decir que nos permitamos vivir y abrir la puerta a personas que nos hagan salir de la zona de confort, del funambulismo sobre sentimientos, de nuestros miedos. Que no nos lleven de la mano, sino que nos unan con la adrenalina. Que nos den la libertad de echar a volar y la confianza de estar. Porque eso es lo que engancha, es lo que se agradece. Y es lo que, a fin de cuentas, uno espera cuando le da por dejar que alguien entre.
C

13 de octubre de 2014

Cabezas llenas de pájaros

¿Qué haríamos sin soñadores?

Tú que descubres la estela de un avión en el cielo claro e inmediatamente cierras los ojos y despegas de golpe hacia lugares lejanos. Él, que viendo atardecer se olvida del suelo sobre el que camina y se convierte en un suspiro al rojo vivo. Ella que escucha la palabra 'piel' por la mañana en la oficina y se pierde en recuerdos de caricias y susurros- aunque sólo sea por un segundo.
Ellos que se miran fijo a los ojos y encuentran un camino que empieza en las pestañas y termina en el abismo... Y aún así saltan.
Nosotros que apagamos la luz para descubrir espirales y secretos en la oscuridad, vosotros que oís llover como quien escucha llorar.
Ellas que con encontrar un rostro triste  en el vagón del metro ya sacan cuaderno y lápiz, yo que entre esas dos hoy me saco los pájaros de la cabeza y los convierto en tinta sobre papel. 

V.


8 de octubre de 2014

Entre sus sábanas

Un día se fue, se acabó. Se marchó como los pájaros inmigrantes, como el sol al atardecer. Se marchó con todo, no me dejó nada. Ni un recuerdo, ni una mirada, ni una lágrima. Solo trece kilos de desesperanza y una caja llena de preguntas. Y de mierda. Se marchó sin importarle que mi cuerpo fuese una pared desquebrajada y que sus palabras fuesen dardos envenenados que podían clavarse en mi piel. Nunca fue mi plato fuerte la diana. Se marchó como un día gris: sin definición, sin elección, sin respuestas. Me quitó la vida. Dejó una estela de sentimientos arrasados por terremotos llamados instintos. Corazón y razón. Lucha de titanes. Una estela de tensión sexual no resuelta, o como lo digan en esas estúpidas películas que otra C solía ver. Nunca habría amor. Se marchó creyendo que podía controlar la objetividad de un polvo; como si alguna vez nos hubiésemos tragado esas patrañas que cuentan sobre poder sobrevivir a la tempestad de un orgasmo sin marcas de guerra. No pasó la tormenta. Ni salió el sol. Y es que siempre fuimos mejores entre sábanas que a la luz de esa luna de un Madrid en verano.
C


26 de septiembre de 2014

A cuatro manos

Imaginaos 300 personas en una acera estrecha de una calle de Madrid... Bueno, así empezó todo. Escuchamos un día esa frase en clase, nos miramos y supimos qué hacer con ella. Teníamos un inicio, pero no un final. Las palabras fueron surgiendo entre horas y horas, días y días. Y aquí está el resultado, una entrada a cuatro manos. Esperamos que la disfrutéis.
PD: Las líneas indican cambio de escritora. Empieza V, continúa C, y así sucesivamente.
 
 
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Imaginaos 300 personas en una acera estrecha de una calle de Madrid...| Y yo solo podía verla a ella.Fumaba un cigarro como si el humo pudiese llevarse consigo los pensamientos de mentes que se han quedado en lo banal; como si la mirada perdida en los zapatos rotos y sucios de algún hombre apurado pudiese descubrir su alma; | como si no fuese más fácil mirarme a los ojos y reprocharme ese silencio que duraba diez años y me calaba hasta la última raya del traje gris. Callar y no hablar. Mirar. No sentir.
Ella decía que las imágenes jamás sustituirían a las palabras. Nunca supo que sus iris como hielos podrían congelar mis fuegos internos y que la combinación de sus ojos hacia el cielo y su piel de gallina darían mil vueltas a cualquier Hemingway susurrado en nuestras madrugadas. | Aunque es verdad que entonces lo hubiese dado todos por una única palabra de esos labios. Que las imágenes me sobraban, imágenes que me asaltaban a cada minuto de su pelo y su cuello, y pestañas y orgullo inquebrantable. Que de imágenes ya sabía demasiado; | las lecciones habían quedado relegadas a un segundo plano.
Dejé hace tiempo de juntar palabras; si no te planteas preguntas, no dañarán las respuestas. Creí que evitar sentir sería un buen salvavidas, pero nunca fui bueno en eso que llaman fe. | Siempre se me había dado mejor actuar- así que, dando dos pasos, me planté frente a sus ojos tristes y en un suspiro pronuncié su nombre. | Levantó los párpados, huyendo de las pisadas y de las almas de la gente; de morir. Me miró. Me congeló. Me provocó un escalofrío que hubiese parado cualquier volcán. Dio una última calada al cigarro, tragándose esas letras de palabras que fingía no vivir. Se acercó a mi cara y expulsó el humo, llevándose consigo mis recuerdos, mi actitud. Tiró la colilla. La pisó. Se dio media vuelta y me dejó solo entre olores de jazmín y rosas, entre hielo, entre almas. | Solo con mi traje de rayas y diez años de esperanza.

C V



(foto: asociacionfotar.blogspot.com.es)

20 de septiembre de 2014

La niña

Si este es un blog sobre palabras, hoy escribo sobre alguien que significa muchísimas para mí. Empezando por la palabra cariño, cuyo significado conozco bien tras 17 años de mimos mañaneros, de paseos en silencio, de leer en voz alta y llevarme de la mano.  La palabra apoyo la he aprendido de uno que nunca flaquea y me ofrece como una roca tranquila calma cuando más la necesito; la palabra seguridad del mismo que siempre aparece, siempre me viene a buscar, siempre, siempre está. Hay algunas palabras que a su lado no entiendo, a su lado pierden mucho sentido: como el miedo, o las ganas de abandonar.  No, no tienen sentido porque quedan sustituidas siempre por la fortaleza y el ímpetu de continuar y saber que tengo detrás a alguien que me empuja hacia delante hasta cuando parece que no hay dirección ni camino ni sentido. Uno que no falla, si no que me repite día a día: confianza, amor, lealtad, y ante todo valorGracias, que no sé si la aprendí de ti, pero hoy te la dedico por todo lo que me das: gracias por tantos significados.


La palabra felicidad, esa la conozco perfectamente, a tu lado- y lo mejor es que  se parece mucho a otra, otra que hoy te mereces más que nadie- felicidades, muy, muy feliz cumpleaños papi.

V, tu niña


15 de septiembre de 2014

June through August

A lazy, trembling guitar is heard in the background. The sound of faraway sprinkles is enriched by the song of birds. Tall, ancient trees wash you over with generous shade. Mornings blend into evenings, and you never manage to get hold of the moment when one transitions into the other.
Put it all away in a memory box, add some grains of sand and specks of dirt, and you immortalize summer. Keep the box shut tight, don’t let any air corrode the stillness of the memory. Don’t let the flawed now drink from the perfectly idealized yesterday.

That is what summer will always be, a perfect time that you caress between frost bitten hands. It is perfect in its brevity, because the fact that it ends makes it a prized possession. If it was eternal, you would never sit on a hard wooden chair and stroke it with warm fingers. Nostalgia adds some beauty; you take away the unpleasant flashes and turn them into comical anecdotes. You bathe the good scenes in a softer light that soothes the rough edges. And when you look back at summer, you grasp the beauty.
M, a beholder.

10 de septiembre de 2014

Peces gordos

                     Mi nombre es 5.500, pero podéis llamarme Radar y sí, soy uno de los cientos de cacharros que recorren vuestras carreteras humanas. Sí, soy ese por el que todos os quejáis y sí, soy ese por cuyos ojos han pasado más muertes de las que me gustaría recordar.

                       Lo malo de mi profesión creo que es el hecho de permanecer impasible mientras pasan todos los imprevistos de la carretera, la frustración que supone ver avecinarse el desastre y no poder hacer nada, la impotencia de sentir cómo un manto de nubes grises va a apagar la brillante vida de un persona y no poder advertírselo. Podéis recriminarme cosas, pero no que sea feliz o que esté orgulloso de mí mismo porque no, os aseguro que no lo estoy. Pero bueno, vayamos al grano, que por lo general el dramatismo se lo dejo a los carteles de avisos por radar que nos hacen la competencia a mis colegas y a mí. Si hoy me he decidido a contar esto es porque Jocelyn me lo pidió el día que salió del hospital y no me pude negar. No se acuerda de nada. Por lo visto, según dice, las víctimas de un accidente bloquean los recuerdos de todo aquello que los ha hecho sufrir y yo la creo, o eso intento, así que aquí me dispongo a contar su historia.

Querida Jocelyn, todo sucedió el 20 de mayo de esa tarde primaveral que espero que algún día puedas recordar. Estaba el tráfico tranquilo. Apenas pasaban coches por delante de mí y los pocos que lo hacían iban tan deprisa que mis ojos solo estaban puestos en capturar sus matrículas para enviárselas a los peces gordos del negocio del tráfico. Era todo tan normal, tan ordinario, que apenas tuve tiempo de dejar de mirar para empezar a ver lo que se avecinaba. Porque a veces mirar no es lo mismo que ver y esa tarde te puedo asegurar que se abrió un abismo insalvable entre ellos. Estaba tan enfrascado en mirar que apenas pude ver por el rabillo del ojo cómo tu Fiat se estrellaba contra el árbol situado al lado del carril izquierdo, de mi carril opuesto. Casi no vi cómo tu Fiat quedaba reducido a una masa de metal, apenas vi cómo tu airbag te abandonaba para quedarse dentro de su casa, parecía que ahí estaba mejor.

Tu coche se asemejaba a un puzzle al que le falta una pieza, un libro sin puntos, una poesía sin versos. El coche había perdido algo y ese algo eras tú. Minutos después, cuando los coches dejaron de pasar y dejé de mirar, centré mi vista en ti y vi, te vi. Vi una mancha pelirroja más roja de lo normal, había sangre goteando por uno de tus rizos. Tenías la cabeza sobre el volante y tu pelo tapaba tu cara como una madre que esconde a su bebé, protegiéndolo, cuidándolo. No te movías, ni si quiera parecías darte cuenta de que el humo del motor se estaba colando por el interior de tu coche, se estaba apoderando de tu mundo, de ti. Yo no hice nada, no pude hacer nada. Te prometo que quise correr, quise llegar, entrar, decirle al humo que se fuera, que nadie lo había invitado a entrar en tu vida, pero no pude. Había pasado un coche a 150 kilómetros por hora y mis ojos, una vez más, contra mi propia voluntad, se habían girado para captar su matrícula; aunque mi cabeza siguió puesta en la mancha pelirroja de la que manaba sangre y el humo que se cernía sobre ella.

Te aseguro que quise girarme, verte, ayudarte, pero los peces gordos no me dejaron. Controlaban todo, absolutamente todo.



 
PD: Importante. Ha salido ya la beca para hacer el curso de escritura que he hecho durante todo este año. Lo imparte la ECH (Escuela Contemporánea de Humanidades). No se necesita tener estudios en literatura ni demás, simplemente ilusión y ganas de aprender. Es algo más que un mero curso friki de escritura, te cambia la vida y la forma de ver el mundo. Tampoco se necesita que tu economía vaya mejor o peor, es una beca que conceden al mérito y a la ilusión. En fin, os dejo el link de la página web por si a alguno le da por meterse. Lo recomiendo. Volvería a repetirlo una y mil veces.
 
Beca ECH Jóvenes Maestros I | ECH

C.

3 de septiembre de 2014

Días como estos

No vale con ser una sombra pálida de lo que podríamos llegar a ser; que no, que sí, que vivir es estallar, rellenar cada momento con la pasión de estar viviéndolo y exprimir cada sensación, cada respiración que se mece en el pecho hasta poder decir: valió la pena. Vale la pena.
No me sirve conformarme; correr mejor que andar, y mejor aún: echar a volar. No pensar nunca en las cosas que no son y podrían haber sido, por riesgo simplemente a perderse todo lo que es y sigue y será. Sonreír. Y querer. Querer por encima de todas las cosas; querer a quien te quiere y sentir dentro el calor de un corazón que late y late y late.
V.

27 de agosto de 2014

Vida

Hay algo de las estaciones que me encanta. Permanecería durante todo mi tiempo en ellas. Bueno, quizá no todo mi tiempo, quizá toda mi existencia. Tienen ese aura de misterio que las hace tan atrayentes que uno deja de tener miedo. Cientos y miles de personas se concentran ahí. Cada una diferente. Cada una particular. Es brutal. Siempre me entra un escalofrío por todo el cuerpo y una voz me dice "quédate y observa". Quizá la chica de al lado que llora lo hace porque su novio la ha dejado. O quizá porque no puede más con la presión de un mundo que gira a un ritmo desproporcionado. Quizá el hombre que salta y que corre lo hace porque pierde un tren. O quizá porque necesita encontrar  la energía por la vida que ha perdido hace tanto tiempo que no se acuerda ni de quién fue. Quizá la señora mayor que hay sentada junto a las tortugas de Atocha está sola porque su marido se murió. O quizá lo está esperando. No lo sé. Nadie lo sabe. Esa es la magia. El misterio. La incógnita. La vida.
Me subo a un autocar. Trayecto Madrid-Salamanca, para ser más concretos. La gente habla. Grita. Se besa. Pelea. Estornuda. Los coches pasan a nuestro lado. El viento silba. Las ruedas hacen ese ruido extraño al tocar las líneas de peligro. Todo es barullo. Ruido. Vida.
Me pongo música y desconecto el móvil. Me apoyo en la ventana. Cierro la cortina. Me oculto del barullo y del ruido, pero no de la vida. Miro la carretera. Un coche pasa, silba, gira. Una extensión de campo me mira a lo lejos. Hay un cartel en ella.
Haz algo bueno al día o cállate.
Y sí, la vida. C.








18 de agosto de 2014

Somos olas.

Porque nos estrellamos día a día contra las rocas, flaqueando y recuperándonoos de asalto en asalto sin perder la fuerza que nos curva. Somos olas que curan las heridas y con la corriente acarician el cuerpo y el alma frágiles.
Somos olas también por inconsistentes, líquidas, agua que se escapa entre los dedos sin poder retenerse; no somos de nadie, pero siempre volvemos a tierra.

V, al borde del mar.


13 de agosto de 2014

Mi alma perdida


"Podría haber cedido mi egoísmo
a los relatos
y a poesías que no hablaran de nosotros,
y podría, por una vez,
haberme hecho daño a mí mismo
sin joder
con mis destrozos
a nadie más.
La de personas a las que he hecho llorar desde que no te hago reir a ti.
Podría haberme pringado de horas, humedades y secretos
sólo
para contártelos,
para cerrar los ojos y dejarme caer
encima de ti, “dudo que pudiera estar debajo”.
Podría haber pisado el freno para esperarte,
haberte cogido en brazos,
despeinarte con mi velocidad.
La felicidad que se vive deriva del amor que se da, no del que se recibe.
No sabría cómo explicarte mejor lo de mi tristeza.
Podría haber esperado a que tus ojos inundaran
con su regazo
mi gris,
pero preferí el todo o nada
a esa espera.
Y aquí estoy, a mil canciones de ti,
pero sigo bailando."

Escandar Algeet. http://escandar-algeet.blogspot.com.es/

Hoy os descubro a uno de mis poetas por excelencia. C.

9 de agosto de 2014

La bonita

Me dijo que escribiera sólo sobre lo que conociese bien. Como el lugar en el que he nacido. Mi ciudad llena de árboles y alegría, mi trozo de España soleado. Me encanta su ritmo de colores y el paso extraño del tiempo por sus barrios, y la manera en la que arde el cielo cada vez que se pone el sol. Me encanta de día y de noche, y sobre todo en primavera.
Dentro de Madrid conozco bien ciertas rutas que recorro mil veces al día, cada día, ya sea a pie o con la memoria. El camino al colegio; a casa de Paula, mi Paula; el paseo al Retiro, el centro, las casas, los balcones, las gentes. La casa de mi abuela, el parque del Oeste, la autopista a Pozuelo.

Madrid para mí no se queda en ella en sí; es mi vida entera recogida en sus formas. Mi padre callado caminando a mi lado es Madrid. Mis amigos de siempre son Madrid. Junios floridos y rutinas en febrero son Madrid. Crecer poco a poco, teniendo miedo y felicidad todo de golpe: es Madrid. Vaya a donde vaya esta se viene conmigo, vaya a donde vaya no pierdo este cariño que siento por la que todo me ha dado y todo me da.
V.



6 de agosto de 2014

No sabes

Podrás hablarme de vida, podrás contarme mil cuentos, mil anécdotas y mil mentiras, pero te prometo que nunca sabrás lo que encierra la vida si no estuviste esa tarde, si entonces no viste el mar.
No sabes lo que es si no viste el mar solitario, sin vida. Si no lo viste aislado, abatido por no encontrar el sol. Si no viste el nulo movimiento de las olas porque no tenían fuerzas para más porque alguien había arrebatado su alma, su vida. Porque sin ese alguien, ellas no existían y ese alguien era el sol.
No tienes ni idea de lo que es un escalofrío si no viste cómo se elevó esa ola cuando un rayo de sol apareció de entre las nubes, de su escondite. Si no viste cómo la ola se abalanzó sobre una roca para impulsarse hacia el sol. Si no viste cómo cuando parecía rozar el cielo con la espuma, las nubes se cerraban a su paso y el rayo se perdía.
No sabes lo que es piel de gallina si no viste cómo el sol se sintió el dueño del mundo, el amo del mar, cuando cambió de posición, cuando decidió salir de su escondite. No, no lo sabes. No lo sabes porque no estabas, porque no lo viste. Porque no viste cómo se situó en la línea que divide cielo y tierra, cómo se instaló en el horizonte. No sabes lo que es ver el mar calmarse hasta tal punto de doblar su extensión tan solo para intentar acercarse al sol, pero no sabes lo que es frustración porque no viste cómo no lo lograba.

No sabes lo que es la vida si no viste cómo el sol desplegó su luz sobre el mar, jugando a un juego de niños, y cómo lo iluminó. No sabes lo que es un imposible si no viste cómo el mar se teñía de un azul irreal, eléctrico, del color de los sueños. No sabes lo que es impotencia si no viste cómo el sol decidió parar con el juego y cómo las olas se alzaron tratando de rebelarse contra él.
No sabes lo que es vida si no viste cómo el sol recibía su castigo cuando empezó a atardecer. Pero no sabes, te prometo que no sabes, lo que es perfección si no viste cómo aquella tarde el sol se rendía ante el mar, si no viste cómo se unía con el mar. No sabes lo que son las nubes anaranjadas si ese día no viste el mar teñido por un sol muriendo. No sabes lo que es la vida si no viste cómo las olas enloquecieron cuando el sol se fundió con ellas. No sabes lo que es pensar en las olas como si fueran personas porque se comportaban como tales.
No sabes lo que es ver el mar desorientado, tratando de encontrar a un sol que lo había abandonado.
No, no sabes lo que es la tristeza si no viste cómo el mar oscurecía, cómo el mar se apagaba cuando el sol desparecía. Pero sobre todo, te repito que tampoco sabes lo que es la vida, lo que es el ansia, lo que es el deseo, si no viste cómo, horas más tarde, el mar se alzó, el mar conquistó un acantilado solo por ver una luz en la oscuridad, solo por pensar que el sol iba a regresar.


C.

30 de julio de 2014

Lo que quiero decir

Estoy harta de las palabras.
Harta de tener que encerrar dentro de una sílaba lo que quiero decir: que no, que el rugido de una tormenta de verano ahogando la tierra caliente y el calor del sol como un soplo sobre tu piel no es un poema, ni un discurso encerrado entre puntos y comas. Que lo siento, pero el temblor de unas piernas muertas de miedo sólo se puede sentir tocando con dedos de cristal debajo de las rodillas.
Que el color de esos ojos no se puede escribir, con palabras no se puede describir. Que no, que no.
Que con un suspiro se entiende mejor.  Con un suspiro, y un largo silencio.
V.


27 de julio de 2014

Soledad

El problema del ser humano es que es nómada por naturaleza. Intenta creer que es sedentario, que se establece en un lugar. Que crea una sociedad. Y la crea, no nos engañemos. Pero de vez en cuando aparece una luz como un faro en el mar y le recuerda que es un ser individual y diminuto. Y no existe conjunto que aplaque esa soledad.
Quien aprende a mirar la luz con los ojos abiertos sabe que tiene el mundo en sus manos. No necesita de nadie. Se ha encontrado. Lo difícil es el otro, el que no se acostumbra a la luz. Quizá por ojos claros, negación. Falta de actitud.
¿Quién es? No lo sabe. El mundo ha acabado con él. No tiene sitio, conjunto, personas. No queda nada. La individualidad es un obstáculo en sus pies.

C, una nómada en proceso de cambio.

25 de julio de 2014

A un amigo

Si pudiese ser cualquier cosa, yo también sería ese humo que escapa por tu boca, ese pájaro que sale volando sin mirar atrás y esa ola que se estrella contra las rocas de la orilla sin sentir más que la caricia de volver a tierra. Yo también sería eso que huye porque no soporta el peso de un día más.
Pero somos lo que somos, y estamos donde estamos. Somos gente, personas, nudos de momentos, pensamientos. Somos también todo lo que hemos perdido, todo lo que nos duele.
Y que te quede claro que ningún problema, ninguna mala racha me va a convencer de que la vida no vale la pena vivirla, de que no vale la pena seguir siendo lo que somos. Abre los ojos y vuelve a ser quien eres, porque lo único que vas a conseguir tragándote lo malo y encerrándolo donde no lo puedes ver es acabar quedándote ciego ante todo lo demás: tus amigos y tu música y tu locura, tus arrebatos de siempre, tus amores, tus risas. Y los instantes de felicidad que compensan cien noches sin dormir. Y que no estás solo... incluso cuando te crees que lo estás.
And I took you by the hand.
V.




21 de julio de 2014

Hoy me he acordado de vivir.

Un amigo me escribió hace unos días contándome que se iba a Milán a perseguir a la chica de la que estaba enamorado. Decía el loco que era sorpresa, que ella no lo sabía. Y, lo más importante, que se iba a un hostalillo cutre a pocos metros de donde vivía la chica en cuestión. Yo le respondí que olé sus narices y que le regalaba mis besos, que se casase conmigo. Él se rió. Parece ser que desde entonces somos novios.
El caso es que me ha venido a la mente todo eso hace nada y me ha dado por pensar, porque las rubias resulta que también lo hacemos.
V decía hace unas entradas que en Londres la gente anda muy estresada, que apenas tiene tiempo para beber café, que no miran dónde pisan ni a quién tienen al lado. El problema es que a lo mejor no es Londres en sí, a lo mejor es el planeta entero en sí. El problema es que mientras el mundo sigue girando a un ritmo, la sociedad nos impone que vayamos a la carrera con él y que consigamos superarlo, sin entender que este hace muchos años que gira, que no le podemos dar lecciones.
 Y claro, así nos va.

Móviles que van, móviles que vienen. Internet que va, internet que viene. Uno mira a derechas y a izquierdas y ya no sabe distinguir si es todo real o solo un producto de nuestra imaginación tecnológica. El Whatsapp nos conquista y nos obliga a parecernos a él. La gente y su imagen se degeneran: no es la misma persona por teléfono que a la cara. Las relaciones terminan por culpa de que el teclado del móvil no sepa entonar un te quiero. Se crean malentendidos.

Se rompe el amor.
Propongo parar, reflexionar, huir. Crear un nuevo estilo de vida, uno capaz de ir a la par con el ritmo del mundo y no a la carrera. Propongo parecernos un poquito más a mi amigo e irnos a luchar por lo que queremos y no a esperar un beso en forma de emoticono. Propongo sentir los labios y no verlos dibujados; mirar a los ojos a alguien en medio de una discusión y no al teclado; sentir la vida en el aire y no dejarla de lado.
Vuestra corresponsal en Estambul, ciudad entre dos continentes, C.



16 de julio de 2014

Tener raíces, y también alas.

La única manera de darte cuenta  de lo que eres por dentro es marchándote. Echando a caminar mundo a través,  sin mirar atrás, y de repente, a los tres pasos: no poder hacer otra cosa que mirar atrás. Porque un tirón te seduce por dentro los ojos. Un recuerdo de tierra caliente, de atardeceres que nunca llegan, España, España, el sabor a mar y pradera, y esa gente, ese sonido de guitarra y alegría en la noche. 
Lo echas de menos, sí, pero sigues caminando- sabiendo que te lo llevas todo contigo- que en realidad nunca te has ido.

V.



12 de julio de 2014

Silencio

Después de un tiempo las cosas empezaron a cambiar. El amor seguía. La pasión a ratos. El amor no se acabó. El amor se desgastó. Las discusiones aparecieron como por arte de magia. El orgullo se acentuó y los celos brotaron de un césped que nunca habíamos pisado. El cansancio se adivinó en unos rostros ya desconocidos y un cielo lleno de dudas se cernió por un Madrid que había dejado de ser nuestro.
La distancia no hace el olvido. La distancia no mata, no quema. La distancia se supera. La cercanía no. La cercanía arrasa los recuerdos. Se convierte en una máscara perfecta, en la excusa ideal. Se yergue como boya en un mar de desesperación, de peleas constantes. Implica la desconexión. La cercanía mata quien eres o lo que el otro ve de ti. Desnuda a la persona, la hace más pequeña. O más grande. Más atroz. O más sumisa.
Y luego
Silencio

C.

9 de julio de 2014

Rush Hour

Nueve millones de personas y el tiempo justo para despertarse con el café en los labios y la corbata alrededor del cuello (o del alma), contando uno a uno los segundos que se tarda en bajar 72 peldaños y no perder el metro de milagro, 15 paradas y 2 transbordos de vértigo que llevan a la puerta de una oficina, la última carrera hasta el despacho, la adrenalina final que se termina de golpe en el momento en el que sentado en la silla enciendes el ordenador y dejas de sentir nada- y ya no queda claro si lo que más atrapado te tiene es la sala, el traje, la rutina o tu cabeza.

PS: Esta entrada está inspirada en el ritmo imposible que parecen llevar muchos trabajadores en la City de Londres, desde donde escribo, pero se ajusta y refiere a momentos que tenemos todos, de rutina y de pena, casi cada día.   ¡Hay que despertarse!

V.


8 de julio de 2014

A Charlotte

"Mora y Cova volvieron a su zona. Vivían a menos de cincuenta metros la una de la otra. Eran vecinas desde la infancia. Habían crecido juntas, dormido juntas, jugado juntas, vivido juntas. También habían empezado el colegio a la vez, en un segundo de infantil en vez de en un primero. Sus madres las habían querido retener un poquito más de la cuenta cuando aún eran unas personillas que apenas podían valerse por sí mismas. Ellas, años más tarde, no habían sabido si agradecérselo o enfadarse por haberlas privado de ese primer año de unión entre todos los niños, de siestas conjuntas y cuentos al tiempo. Quizá por eso parecía que ellas eran la única pareja de mejores amigas en un grupo en el que no existían diferencias entre las unas y las otras.
Ellas solían decir que eran como Pin y Pon: una rubia y otra morena. Tenían la misma estatura, la misma personalidad, el mismo estilo de vestir, el mismo gusto por los chicos, por la música. Sólo el pelo las diferenciaba. Habían pasado por mucho; desde muertes de personas queridas, una discusión tan fuerte por la que no se hablaron en un verano entero, y acabando en llantos por corazones rotos y enamorados.
 Habían vivido su primer amor (o desamor) al tiempo y años después se habían dado cuenta de que tan sólo eran unas crías que creían saber lo que era ese sentimiento por lo que las comedias americanas habían dicho de él. Sin embargo, en aquella época habían pensado que su corazón se había sentido enamorado y destrozado cuando dos chicos las habían roto, humillado. Moreno el de la rubia, rubio el de la morena. Dos Pin y Pones en potencia, que nunca las llegaron a la suela de sus zapatos. Pero sus corazones, pequeños y preadolescentes como eran, las habían autoengañado sin demostrarlas que el amor era más que un enganche, un capricho o una obsesión. Sin permitirlas, si quiera, experimentar una sonrisa de complicidad.
Durante un tiempo había parecido que el amor se basaba en lágrimas. A más lágrimas agrias derramadas, mayor amor estaban dispuestas a dar."
PD: Felices 17, mi Charlotte particular. Espero poder seguir escribiendo historias sobre nuestras aventuras durante toda mi vida.
C.


7 de julio de 2014

Un instante.

Hoy toca un poquito de arrebato... here we go!

Ser joven no es estar en paro, ni pasar de todo, ni mirarse en el espejo, ni tumbarse en el sofá. Ser joven no tiene nada que ver con los botellones ni los porros; mejor dejar las cosas claras.
Despertarse en un arrebato y encontrar la vida sin ataduras, rozar tus manos y tumbarme a respirar. Gritar porque no quedan segundos para explicar este trago de euforia que son los 17 años, no quedan segundos para resumir este tirón de la corriente hacia delante, siempre hacia delante. Perderse sin cuerpo ni voz y encontrar poco a poco un camino del que nunca se tenga que huir. Mirarte a los ojos. Y no tener miedo.
V.

6 de julio de 2014

Yo creo, sí creo, yo creo en las hadas.

El otro día terminé de leer un libro de los míos, de los que no llegan a cursis, de los que te dejan buen sabor de boca. Se llamaba (o llama) Recuerda que me quieres y es una re-escritura del clásico de Barrie Peter y Wendy.
Si hablo de esto no es por recomendar libros o hacer reseñas de los mismos, que en algún momento haré (no os quepa la menor duda), es por porque al leerlo me acordé de Peter y de Wendy, los niños perdidos, los piratas, las hadas y la guarida.
Puede que muchos no hayan leído el clásico original (me incluyo: ERROR GRAVE), pero no creo que haya una persona en este planeta que no haya visto la película o, por lo menos, haya oído hablar de ella. Así que supongo que me comprenderéis, que os imaginaréis lo que siento.
Y es que queridos y queridas, queridas y queridos, hablo de la infancia; de ese pasado que algunos dejaron hace mucho mucho tiempo atrás y otros dejamos hace no tanto. Ese pasado en el que si un adulto decía que Los Reyes Magos existían, uno se lo creía porque el mundo era un lugar desconocido, una aventura por descubrir. El mundo era un espacio extraño que, como buenos piratas, teníamos la misión de secuestrar. Y claro, en ese mundo existían toda clase de personajes y situaciones posibles. No había nada imposible (valga la redundancia).
El mundo era nuestro. Era el teatro y nosotros los actores.
Quizá por eso se hable tanto de la infancia. Quizá por eso un libro que se suponía adolescente y romántico me ha hecho rememorar esa época en la que mi mayor diversión era jugar con mi madre o ir a cazar saltamontes a Las Barrancas con mi padre. Esa época en la que yo disfrutaba jugando al fútbol, relacionándome solo con chicos porque aún no había descubierto el mundo, porque la sociedad aún no me había impuesto que el balón es de hombres y las Barbies (siempre serán repugnantes para mí) son de mujeres.
Quizá se hable de la infancia porque en un mundo cruel, dominado por mentiras e incluso dirigentes que engañan a su país, falta ese espíritu que nos hacía invencibles, que nos animaba a luchar. Quizá se hable de la infancia porque no existían reglas ni caídas de 180 metros que nos dieran de bruces con la realidad. Quizá se hable de la infancia porque no tenía que existir un lenguaje que nos comunicase a todos; sencillamente compartíamos un lápiz, una plastilina y encontrábamos amigos de por vida: amigos que otros jamás podrán superar.
Con amor, C.

Tercera entrada ¡Allá vamos!




Ayer me escribió mucha gente, muchos amigos, desde varias partes del mundo: Biarritz, Berlín, Boston, Bogotá, Barcelona... No sé si será coincidencia esto de las Bs, pero hoy yo escribo desde Bruselas. Y es precisamente por esto que cuando me hacen la pregunta'¿En qué época vivirías si pudieras elegir? ' yo contesto: en esta. En esta, porque me encanta la sensación de llevar el mundo en el bolsillo, y que aún así cada vez que salgo de casa, cada vez que vuelo en avión, este mismo mundo siga sorprendiéndome. Sobre mi día de hoy: 12 horas en Bruselas me han enseñado a no quejarme tanto de las tormentas de verano madrileñas. Aparte de la lluvia, la ciudad se parece un poco a mi amiga Paula: tranquila, alegre y entregada al chocolate. Una delicia. Next stop: London, con L. El lunes os cuento. Besos desde mi lugar favorito en el mundo: un aeropuerto. V.

4 de julio de 2014

Gafotas acusicas

Buenos días. O buenas tardes. O buenas noches. O cuando sea que estéis leyendo esto.
Yo soy la otra mano de este dúo, la rubia, C. Y no, no me tocó el marrón de escribir la primera entrada. Eso se lo dejé a la morena, que para algo las rubias dicen que somos tontas.
No sé muy bien qué decir, ni cómo presentarme; eso ya lo hizo V. Ni si quiera, por muy de escritora que me las dé, sé definirla tan bien a ella como V hizo conmigo en la anterior entrada. Tampoco tengo esa capacidad maravillosa de que las palabras fluyan solas entre risas como dice la morena. Simplemente soy C, la otra mitad de este dueto, dúo, pareja, binomio o como quiera que llamen los gafotas acusicas estudiosos de la Lengua a un par de amigas o soñadoras.
Pero en fin, a lo que iba: quería hablaros de una de mis pasiones que, como he dicho antes, no es otra que la escritura.
Muchos empiezan a escribir leyendo o a leer escribiendo. La sociedad hoy en día ve eso de que un adolescente rebelde lea algo así como una cosa extraña, como un milagro de algún dios griego al que le ha dado por aparecer en la Tierra. Los adultos se piensan que somos extraterrestres salidos de algún pasado que dejaron hace tiempo atrás y nuestros compañeros, amigos (o como lo queráis llamar) sencillamente piensan que somos unos frikis, unos empollones o que se nos ha ido la cabeza. Simplemente algunos, el 1% de la juventud (quizá el 1,1%) piensan de nosotros que somos personas normales y corrientes y que no está tan mal eso de culturizarse un poco. Porque al fin y al cabo el leer no es más que eso: culturizarse. Hacerse un poco más sabio con el tiempo. Ponerse en la piel del otro. Un otro que jamás habrías pensado conocer, un otro que jamás llegarás a conocer. Un otro que quizá no es más que el protagonista vagabundo de la última novela de un bestsellerista o una princesa en apuros que sueña con ser caballera. Un otro que, al fin y al cabo, no eres tú.
Así que sin más preámbulos os contaré hoy que yo empecé a leer desde muy pequeñita. Mi padre me contaba cuentos (y nunca mejor dicho) y será que quizá por eso cuando supe cómo juntar dos sílabas en mi mente empecé a leer porque sus historias se me habían quedado cortas. Con el tiempo soñé (y sueño) con crear mis otros. Unos otros en los que se puedan meter las personas. Unos otros con los que la gente se culturice.
Quizá no llegue a nada. Quizá llegue a todo. No lo sé. Simplemente sigo día tras día intentando aprender a escribir (cosa que, por cierto, los gafotas acusicas tachan de imposible). Y en una de las mías me apunté en un "Master en Creación Literaria". Yo, con mis diecisiete años de vida, mi metro sesenta y dos de altura y mi pelo rubio por el que me tachan de tonta. Al final me dieron una beca. Y beca que viene, beca que va, he estado participando en él durante todo este año. Al final mi frikicurso (como desde el inicio lo apodé) me ha enseñado que quizá, y solo quizá, si que se pueda enseñar a escribir o quizá a mejorar. Aunque bueno, siempre estarán aquellos que piensen que escritor se hace, no se hace.
Aquí os dejo un documental que nos hicieron sobre este curso que, más que enseñar a escribir, nos ha enseñado a vivir. Nos ha abierto la mente. Nos ha enseñado que es tan válido eso de que el Universo se creó por el Big Bang, como por la palabra de Dios, como por la leche del pezón de la diosa Hera. Nos ha demostrado que el sistema educativo tal y como está no sirve para nada, que puede que se estudie mucho para los exámenes, pero al fin y al cabo lo aprendido se queda en los exámenes y no en nuestra mente.
Así que... damas y caballeros, queridos y queridas, hombres, mujeres u otros: todo vuestro.
Con mucho amor, C.



3 de julio de 2014

Entonces, ¿What About Us?

Este es un blog a cuatro manos, veinte dedos y toda la alegría que nos quede restando. Somos dos que se conocen mucho y desde hace poco, 'un alma en dos cuerpos', un par que no se calla nunca, tal vez porque les vienen sobrando las palabras de tanto libro y tanto latín.
Si fuese Cristina ahora mismo estaría arropada en mantas moradas, bebiendo té verde y a puntito de siesta de cuatro horas. Si fuese Cristina no llevaría dudando veinte minutos sobre qué decir: ya estaría más que dicho, entre risas y más risas. Ella es así. Si fuese Cristina no llevaría todo el día quejándome del cielo gris y el sonido del viento, pero esto qué es, no llevo medio año esperando a julio para echar de menos el sol de febrero en una mañana de martes somnolienta en la que Cristina me grita que necesita un café o dos, mientras yo me planto en medio de la carretera a tomar mi solete con una sonrisa en la cara. Así son nuestros momentos, así ha sido nuestro año. Lo queremos contar, eso y cualquier otra cosa que se nos ocurra, aunque sólo sea por deshacernos de alguna que otra palabra de las nuestras. Como Eudaimonia, Janderina, solete, y anglicismos varios. No soy Cristina, soy Vic: y me ha tocado el marrón de una primera entrada. ¡Que guste!
V.