Después de un tiempo las cosas empezaron a cambiar. El amor seguía. La pasión a ratos. El amor no se acabó. El amor se desgastó. Las discusiones aparecieron como por arte de magia. El orgullo se acentuó y los celos brotaron de un césped que nunca habíamos pisado. El cansancio se adivinó en unos rostros ya desconocidos y un cielo lleno de dudas se cernió por un Madrid que había dejado de ser nuestro.
La distancia no hace el olvido. La distancia no mata, no quema. La distancia se supera. La cercanía no. La cercanía arrasa los recuerdos. Se convierte en una máscara perfecta, en la excusa ideal. Se yergue como boya en un mar de desesperación, de peleas constantes. Implica la desconexión. La cercanía mata quien eres o lo que el otro ve de ti. Desnuda a la persona, la hace más pequeña. O más grande. Más atroz. O más sumisa.
Y luego
Silencio
C.
La distancia no hace el olvido. La distancia no mata, no quema. La distancia se supera. La cercanía no. La cercanía arrasa los recuerdos. Se convierte en una máscara perfecta, en la excusa ideal. Se yergue como boya en un mar de desesperación, de peleas constantes. Implica la desconexión. La cercanía mata quien eres o lo que el otro ve de ti. Desnuda a la persona, la hace más pequeña. O más grande. Más atroz. O más sumisa.
Y luego
Silencio
C.
Me recuerda a la película "Blue Valentine", dura, desgarradora, en la que, sin saber cómo ni por qué, el amor se desvanece dejando un dolor casi inexpresable. Aunque quiero creer que, en una relación, quepa la posibilidad de que no suceda así.
ResponderEliminar