Imaginaos 300 personas en una acera estrecha de una calle de Madrid... Bueno, así empezó todo. Escuchamos un día esa frase en clase, nos miramos y supimos qué hacer con ella. Teníamos un inicio, pero no un final. Las palabras fueron surgiendo entre horas y horas, días y días. Y aquí está el resultado, una entrada a cuatro manos. Esperamos que la disfrutéis.
PD: Las líneas indican cambio de escritora. Empieza V, continúa C, y así sucesivamente.
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Imaginaos 300 personas en una acera estrecha de una calle de Madrid...| Y yo solo podía verla a ella. | Fumaba un cigarro como si el humo pudiese llevarse consigo los pensamientos de mentes que se han quedado en lo banal; como si la mirada perdida en los zapatos rotos y sucios de algún hombre apurado pudiese descubrir su alma; | como si no fuese más fácil mirarme a los ojos y reprocharme ese silencio que duraba diez años y me calaba hasta la última raya del traje gris. | Callar y no hablar. Mirar. No sentir.
Ella decía que las imágenes jamás sustituirían a las palabras. Nunca supo que sus iris como hielos podrían congelar mis fuegos internos y que la combinación de sus ojos hacia el cielo y su piel de gallina darían mil vueltas a cualquier Hemingway susurrado en nuestras madrugadas. | Aunque es verdad que entonces lo hubiese dado todos por una única palabra de esos labios. Que las imágenes me sobraban, imágenes que me asaltaban a cada minuto de su pelo y su cuello, y pestañas y orgullo inquebrantable. Que de imágenes ya sabía demasiado; | las lecciones habían quedado relegadas a un segundo plano.
Dejé hace tiempo de juntar palabras; si no te planteas preguntas, no dañarán las respuestas. Creí que evitar sentir sería un buen salvavidas, pero nunca fui bueno en eso que llaman fe. | Siempre se me había dado mejor actuar- así que, dando dos pasos, me planté frente a sus ojos tristes y en un suspiro pronuncié su nombre. | Levantó los párpados, huyendo de las pisadas y de las almas de la gente; de morir. Me miró. Me congeló. Me provocó un escalofrío que hubiese parado cualquier volcán. Dio una última calada al cigarro, tragándose esas letras de palabras que fingía no vivir. Se acercó a mi cara y expulsó el humo, llevándose consigo mis recuerdos, mi actitud. Tiró la colilla. La pisó. Se dio media vuelta y me dejó solo entre olores de jazmín y rosas, entre hielo, entre almas. | Solo con mi traje de rayas y diez años de esperanza.
C V
(foto: asociacionfotar.blogspot.com.es)

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