Porque nos estrellamos día a día contra las rocas, flaqueando y recuperándonoos de asalto en asalto sin perder la fuerza que nos curva. Somos olas que curan las heridas y con la corriente acarician el cuerpo y el alma frágiles.
Somos olas también por inconsistentes, líquidas, agua que se escapa entre los dedos sin poder retenerse; no somos de nadie, pero siempre volvemos a tierra.
V, al borde del mar.
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