26 de septiembre de 2014

A cuatro manos

Imaginaos 300 personas en una acera estrecha de una calle de Madrid... Bueno, así empezó todo. Escuchamos un día esa frase en clase, nos miramos y supimos qué hacer con ella. Teníamos un inicio, pero no un final. Las palabras fueron surgiendo entre horas y horas, días y días. Y aquí está el resultado, una entrada a cuatro manos. Esperamos que la disfrutéis.
PD: Las líneas indican cambio de escritora. Empieza V, continúa C, y así sucesivamente.
 
 
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Imaginaos 300 personas en una acera estrecha de una calle de Madrid...| Y yo solo podía verla a ella.Fumaba un cigarro como si el humo pudiese llevarse consigo los pensamientos de mentes que se han quedado en lo banal; como si la mirada perdida en los zapatos rotos y sucios de algún hombre apurado pudiese descubrir su alma; | como si no fuese más fácil mirarme a los ojos y reprocharme ese silencio que duraba diez años y me calaba hasta la última raya del traje gris. Callar y no hablar. Mirar. No sentir.
Ella decía que las imágenes jamás sustituirían a las palabras. Nunca supo que sus iris como hielos podrían congelar mis fuegos internos y que la combinación de sus ojos hacia el cielo y su piel de gallina darían mil vueltas a cualquier Hemingway susurrado en nuestras madrugadas. | Aunque es verdad que entonces lo hubiese dado todos por una única palabra de esos labios. Que las imágenes me sobraban, imágenes que me asaltaban a cada minuto de su pelo y su cuello, y pestañas y orgullo inquebrantable. Que de imágenes ya sabía demasiado; | las lecciones habían quedado relegadas a un segundo plano.
Dejé hace tiempo de juntar palabras; si no te planteas preguntas, no dañarán las respuestas. Creí que evitar sentir sería un buen salvavidas, pero nunca fui bueno en eso que llaman fe. | Siempre se me había dado mejor actuar- así que, dando dos pasos, me planté frente a sus ojos tristes y en un suspiro pronuncié su nombre. | Levantó los párpados, huyendo de las pisadas y de las almas de la gente; de morir. Me miró. Me congeló. Me provocó un escalofrío que hubiese parado cualquier volcán. Dio una última calada al cigarro, tragándose esas letras de palabras que fingía no vivir. Se acercó a mi cara y expulsó el humo, llevándose consigo mis recuerdos, mi actitud. Tiró la colilla. La pisó. Se dio media vuelta y me dejó solo entre olores de jazmín y rosas, entre hielo, entre almas. | Solo con mi traje de rayas y diez años de esperanza.

C V



(foto: asociacionfotar.blogspot.com.es)

20 de septiembre de 2014

La niña

Si este es un blog sobre palabras, hoy escribo sobre alguien que significa muchísimas para mí. Empezando por la palabra cariño, cuyo significado conozco bien tras 17 años de mimos mañaneros, de paseos en silencio, de leer en voz alta y llevarme de la mano.  La palabra apoyo la he aprendido de uno que nunca flaquea y me ofrece como una roca tranquila calma cuando más la necesito; la palabra seguridad del mismo que siempre aparece, siempre me viene a buscar, siempre, siempre está. Hay algunas palabras que a su lado no entiendo, a su lado pierden mucho sentido: como el miedo, o las ganas de abandonar.  No, no tienen sentido porque quedan sustituidas siempre por la fortaleza y el ímpetu de continuar y saber que tengo detrás a alguien que me empuja hacia delante hasta cuando parece que no hay dirección ni camino ni sentido. Uno que no falla, si no que me repite día a día: confianza, amor, lealtad, y ante todo valorGracias, que no sé si la aprendí de ti, pero hoy te la dedico por todo lo que me das: gracias por tantos significados.


La palabra felicidad, esa la conozco perfectamente, a tu lado- y lo mejor es que  se parece mucho a otra, otra que hoy te mereces más que nadie- felicidades, muy, muy feliz cumpleaños papi.

V, tu niña


15 de septiembre de 2014

June through August

A lazy, trembling guitar is heard in the background. The sound of faraway sprinkles is enriched by the song of birds. Tall, ancient trees wash you over with generous shade. Mornings blend into evenings, and you never manage to get hold of the moment when one transitions into the other.
Put it all away in a memory box, add some grains of sand and specks of dirt, and you immortalize summer. Keep the box shut tight, don’t let any air corrode the stillness of the memory. Don’t let the flawed now drink from the perfectly idealized yesterday.

That is what summer will always be, a perfect time that you caress between frost bitten hands. It is perfect in its brevity, because the fact that it ends makes it a prized possession. If it was eternal, you would never sit on a hard wooden chair and stroke it with warm fingers. Nostalgia adds some beauty; you take away the unpleasant flashes and turn them into comical anecdotes. You bathe the good scenes in a softer light that soothes the rough edges. And when you look back at summer, you grasp the beauty.
M, a beholder.

10 de septiembre de 2014

Peces gordos

                     Mi nombre es 5.500, pero podéis llamarme Radar y sí, soy uno de los cientos de cacharros que recorren vuestras carreteras humanas. Sí, soy ese por el que todos os quejáis y sí, soy ese por cuyos ojos han pasado más muertes de las que me gustaría recordar.

                       Lo malo de mi profesión creo que es el hecho de permanecer impasible mientras pasan todos los imprevistos de la carretera, la frustración que supone ver avecinarse el desastre y no poder hacer nada, la impotencia de sentir cómo un manto de nubes grises va a apagar la brillante vida de un persona y no poder advertírselo. Podéis recriminarme cosas, pero no que sea feliz o que esté orgulloso de mí mismo porque no, os aseguro que no lo estoy. Pero bueno, vayamos al grano, que por lo general el dramatismo se lo dejo a los carteles de avisos por radar que nos hacen la competencia a mis colegas y a mí. Si hoy me he decidido a contar esto es porque Jocelyn me lo pidió el día que salió del hospital y no me pude negar. No se acuerda de nada. Por lo visto, según dice, las víctimas de un accidente bloquean los recuerdos de todo aquello que los ha hecho sufrir y yo la creo, o eso intento, así que aquí me dispongo a contar su historia.

Querida Jocelyn, todo sucedió el 20 de mayo de esa tarde primaveral que espero que algún día puedas recordar. Estaba el tráfico tranquilo. Apenas pasaban coches por delante de mí y los pocos que lo hacían iban tan deprisa que mis ojos solo estaban puestos en capturar sus matrículas para enviárselas a los peces gordos del negocio del tráfico. Era todo tan normal, tan ordinario, que apenas tuve tiempo de dejar de mirar para empezar a ver lo que se avecinaba. Porque a veces mirar no es lo mismo que ver y esa tarde te puedo asegurar que se abrió un abismo insalvable entre ellos. Estaba tan enfrascado en mirar que apenas pude ver por el rabillo del ojo cómo tu Fiat se estrellaba contra el árbol situado al lado del carril izquierdo, de mi carril opuesto. Casi no vi cómo tu Fiat quedaba reducido a una masa de metal, apenas vi cómo tu airbag te abandonaba para quedarse dentro de su casa, parecía que ahí estaba mejor.

Tu coche se asemejaba a un puzzle al que le falta una pieza, un libro sin puntos, una poesía sin versos. El coche había perdido algo y ese algo eras tú. Minutos después, cuando los coches dejaron de pasar y dejé de mirar, centré mi vista en ti y vi, te vi. Vi una mancha pelirroja más roja de lo normal, había sangre goteando por uno de tus rizos. Tenías la cabeza sobre el volante y tu pelo tapaba tu cara como una madre que esconde a su bebé, protegiéndolo, cuidándolo. No te movías, ni si quiera parecías darte cuenta de que el humo del motor se estaba colando por el interior de tu coche, se estaba apoderando de tu mundo, de ti. Yo no hice nada, no pude hacer nada. Te prometo que quise correr, quise llegar, entrar, decirle al humo que se fuera, que nadie lo había invitado a entrar en tu vida, pero no pude. Había pasado un coche a 150 kilómetros por hora y mis ojos, una vez más, contra mi propia voluntad, se habían girado para captar su matrícula; aunque mi cabeza siguió puesta en la mancha pelirroja de la que manaba sangre y el humo que se cernía sobre ella.

Te aseguro que quise girarme, verte, ayudarte, pero los peces gordos no me dejaron. Controlaban todo, absolutamente todo.



 
PD: Importante. Ha salido ya la beca para hacer el curso de escritura que he hecho durante todo este año. Lo imparte la ECH (Escuela Contemporánea de Humanidades). No se necesita tener estudios en literatura ni demás, simplemente ilusión y ganas de aprender. Es algo más que un mero curso friki de escritura, te cambia la vida y la forma de ver el mundo. Tampoco se necesita que tu economía vaya mejor o peor, es una beca que conceden al mérito y a la ilusión. En fin, os dejo el link de la página web por si a alguno le da por meterse. Lo recomiendo. Volvería a repetirlo una y mil veces.
 
Beca ECH Jóvenes Maestros I | ECH

C.

3 de septiembre de 2014

Días como estos

No vale con ser una sombra pálida de lo que podríamos llegar a ser; que no, que sí, que vivir es estallar, rellenar cada momento con la pasión de estar viviéndolo y exprimir cada sensación, cada respiración que se mece en el pecho hasta poder decir: valió la pena. Vale la pena.
No me sirve conformarme; correr mejor que andar, y mejor aún: echar a volar. No pensar nunca en las cosas que no son y podrían haber sido, por riesgo simplemente a perderse todo lo que es y sigue y será. Sonreír. Y querer. Querer por encima de todas las cosas; querer a quien te quiere y sentir dentro el calor de un corazón que late y late y late.
V.