"Mora y Cova volvieron a su zona. Vivían a menos de cincuenta metros la una de la otra. Eran vecinas desde la infancia. Habían crecido juntas, dormido juntas, jugado juntas, vivido juntas. También habían empezado el colegio a la vez, en un segundo de infantil en vez de en un primero. Sus madres las habían querido retener un poquito más de la cuenta cuando aún eran unas personillas que apenas podían valerse por sí mismas. Ellas, años más tarde, no habían sabido si agradecérselo o enfadarse por haberlas privado de ese primer año de unión entre todos los niños, de siestas conjuntas y cuentos al tiempo. Quizá por eso parecía que ellas eran la única pareja de mejores amigas en un grupo en el que no existían diferencias entre las unas y las otras.
Ellas solían decir que eran como Pin y Pon: una rubia y otra morena. Tenían la misma estatura, la misma personalidad, el mismo estilo de vestir, el mismo gusto por los chicos, por la música. Sólo el pelo las diferenciaba. Habían pasado por mucho; desde muertes de personas queridas, una discusión tan fuerte por la que no se hablaron en un verano entero, y acabando en llantos por corazones rotos y enamorados.
Habían vivido su primer amor (o desamor) al tiempo y años después se habían dado cuenta de que tan sólo eran unas crías que creían saber lo que era ese sentimiento por lo que las comedias americanas habían dicho de él. Sin embargo, en aquella época habían pensado que su corazón se había sentido enamorado y destrozado cuando dos chicos las habían roto, humillado. Moreno el de la rubia, rubio el de la morena. Dos Pin y Pones en potencia, que nunca las llegaron a la suela de sus zapatos. Pero sus corazones, pequeños y preadolescentes como eran, las habían autoengañado sin demostrarlas que el amor era más que un enganche, un capricho o una obsesión. Sin permitirlas, si quiera, experimentar una sonrisa de complicidad.
Durante un tiempo había parecido que el amor se basaba en lágrimas. A más lágrimas agrias derramadas, mayor amor estaban dispuestas a dar."
PD: Felices 17, mi Charlotte particular. Espero poder seguir escribiendo historias sobre nuestras aventuras durante toda mi vida.
C.

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