27 de agosto de 2014

Vida

Hay algo de las estaciones que me encanta. Permanecería durante todo mi tiempo en ellas. Bueno, quizá no todo mi tiempo, quizá toda mi existencia. Tienen ese aura de misterio que las hace tan atrayentes que uno deja de tener miedo. Cientos y miles de personas se concentran ahí. Cada una diferente. Cada una particular. Es brutal. Siempre me entra un escalofrío por todo el cuerpo y una voz me dice "quédate y observa". Quizá la chica de al lado que llora lo hace porque su novio la ha dejado. O quizá porque no puede más con la presión de un mundo que gira a un ritmo desproporcionado. Quizá el hombre que salta y que corre lo hace porque pierde un tren. O quizá porque necesita encontrar  la energía por la vida que ha perdido hace tanto tiempo que no se acuerda ni de quién fue. Quizá la señora mayor que hay sentada junto a las tortugas de Atocha está sola porque su marido se murió. O quizá lo está esperando. No lo sé. Nadie lo sabe. Esa es la magia. El misterio. La incógnita. La vida.
Me subo a un autocar. Trayecto Madrid-Salamanca, para ser más concretos. La gente habla. Grita. Se besa. Pelea. Estornuda. Los coches pasan a nuestro lado. El viento silba. Las ruedas hacen ese ruido extraño al tocar las líneas de peligro. Todo es barullo. Ruido. Vida.
Me pongo música y desconecto el móvil. Me apoyo en la ventana. Cierro la cortina. Me oculto del barullo y del ruido, pero no de la vida. Miro la carretera. Un coche pasa, silba, gira. Una extensión de campo me mira a lo lejos. Hay un cartel en ella.
Haz algo bueno al día o cállate.
Y sí, la vida. C.








18 de agosto de 2014

Somos olas.

Porque nos estrellamos día a día contra las rocas, flaqueando y recuperándonoos de asalto en asalto sin perder la fuerza que nos curva. Somos olas que curan las heridas y con la corriente acarician el cuerpo y el alma frágiles.
Somos olas también por inconsistentes, líquidas, agua que se escapa entre los dedos sin poder retenerse; no somos de nadie, pero siempre volvemos a tierra.

V, al borde del mar.


13 de agosto de 2014

Mi alma perdida


"Podría haber cedido mi egoísmo
a los relatos
y a poesías que no hablaran de nosotros,
y podría, por una vez,
haberme hecho daño a mí mismo
sin joder
con mis destrozos
a nadie más.
La de personas a las que he hecho llorar desde que no te hago reir a ti.
Podría haberme pringado de horas, humedades y secretos
sólo
para contártelos,
para cerrar los ojos y dejarme caer
encima de ti, “dudo que pudiera estar debajo”.
Podría haber pisado el freno para esperarte,
haberte cogido en brazos,
despeinarte con mi velocidad.
La felicidad que se vive deriva del amor que se da, no del que se recibe.
No sabría cómo explicarte mejor lo de mi tristeza.
Podría haber esperado a que tus ojos inundaran
con su regazo
mi gris,
pero preferí el todo o nada
a esa espera.
Y aquí estoy, a mil canciones de ti,
pero sigo bailando."

Escandar Algeet. http://escandar-algeet.blogspot.com.es/

Hoy os descubro a uno de mis poetas por excelencia. C.

9 de agosto de 2014

La bonita

Me dijo que escribiera sólo sobre lo que conociese bien. Como el lugar en el que he nacido. Mi ciudad llena de árboles y alegría, mi trozo de España soleado. Me encanta su ritmo de colores y el paso extraño del tiempo por sus barrios, y la manera en la que arde el cielo cada vez que se pone el sol. Me encanta de día y de noche, y sobre todo en primavera.
Dentro de Madrid conozco bien ciertas rutas que recorro mil veces al día, cada día, ya sea a pie o con la memoria. El camino al colegio; a casa de Paula, mi Paula; el paseo al Retiro, el centro, las casas, los balcones, las gentes. La casa de mi abuela, el parque del Oeste, la autopista a Pozuelo.

Madrid para mí no se queda en ella en sí; es mi vida entera recogida en sus formas. Mi padre callado caminando a mi lado es Madrid. Mis amigos de siempre son Madrid. Junios floridos y rutinas en febrero son Madrid. Crecer poco a poco, teniendo miedo y felicidad todo de golpe: es Madrid. Vaya a donde vaya esta se viene conmigo, vaya a donde vaya no pierdo este cariño que siento por la que todo me ha dado y todo me da.
V.



6 de agosto de 2014

No sabes

Podrás hablarme de vida, podrás contarme mil cuentos, mil anécdotas y mil mentiras, pero te prometo que nunca sabrás lo que encierra la vida si no estuviste esa tarde, si entonces no viste el mar.
No sabes lo que es si no viste el mar solitario, sin vida. Si no lo viste aislado, abatido por no encontrar el sol. Si no viste el nulo movimiento de las olas porque no tenían fuerzas para más porque alguien había arrebatado su alma, su vida. Porque sin ese alguien, ellas no existían y ese alguien era el sol.
No tienes ni idea de lo que es un escalofrío si no viste cómo se elevó esa ola cuando un rayo de sol apareció de entre las nubes, de su escondite. Si no viste cómo la ola se abalanzó sobre una roca para impulsarse hacia el sol. Si no viste cómo cuando parecía rozar el cielo con la espuma, las nubes se cerraban a su paso y el rayo se perdía.
No sabes lo que es piel de gallina si no viste cómo el sol se sintió el dueño del mundo, el amo del mar, cuando cambió de posición, cuando decidió salir de su escondite. No, no lo sabes. No lo sabes porque no estabas, porque no lo viste. Porque no viste cómo se situó en la línea que divide cielo y tierra, cómo se instaló en el horizonte. No sabes lo que es ver el mar calmarse hasta tal punto de doblar su extensión tan solo para intentar acercarse al sol, pero no sabes lo que es frustración porque no viste cómo no lo lograba.

No sabes lo que es la vida si no viste cómo el sol desplegó su luz sobre el mar, jugando a un juego de niños, y cómo lo iluminó. No sabes lo que es un imposible si no viste cómo el mar se teñía de un azul irreal, eléctrico, del color de los sueños. No sabes lo que es impotencia si no viste cómo el sol decidió parar con el juego y cómo las olas se alzaron tratando de rebelarse contra él.
No sabes lo que es vida si no viste cómo el sol recibía su castigo cuando empezó a atardecer. Pero no sabes, te prometo que no sabes, lo que es perfección si no viste cómo aquella tarde el sol se rendía ante el mar, si no viste cómo se unía con el mar. No sabes lo que son las nubes anaranjadas si ese día no viste el mar teñido por un sol muriendo. No sabes lo que es la vida si no viste cómo las olas enloquecieron cuando el sol se fundió con ellas. No sabes lo que es pensar en las olas como si fueran personas porque se comportaban como tales.
No sabes lo que es ver el mar desorientado, tratando de encontrar a un sol que lo había abandonado.
No, no sabes lo que es la tristeza si no viste cómo el mar oscurecía, cómo el mar se apagaba cuando el sol desparecía. Pero sobre todo, te repito que tampoco sabes lo que es la vida, lo que es el ansia, lo que es el deseo, si no viste cómo, horas más tarde, el mar se alzó, el mar conquistó un acantilado solo por ver una luz en la oscuridad, solo por pensar que el sol iba a regresar.


C.