21 de diciembre de 2014

Indecisos de su propia decisión

Lo echa de menos y las pistas de su cuerpo le piden que aterrice en ellas con besos, de esos que le daba en días de hielo y los volvían eternos. Lo echa de menos y su mirada se pierde entre parejas que bailan, que sueñan, que aman y no hablan; entre semáforos en ámbar expectantes a que huya, indecisos de su propia decisión. Lo echa de menos y su risa revive con la llegada del invierno, ese que tanto le gustaba por su frío y sus vientos, ese que hacía que los susurros fuesen fuego en sus oídos y convertía las noches en momentos de anhelo. Lo echa de menos y no sabe decirle a sus ojos que paren de llorar, que el agua se la deja a esa lluvia que tanto los hizo bailar; siempre habían ido a contracorriente del río. Lo echa de menos y sus versos se confunden con veneno que se disfraza de depredador ávido de sangre y amor, que hiere, pero no mata, que le tiende el abrazo, pero no le da caza.
C.
 

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