29 de diciembre de 2014

2014

Entrada a dos manos. El primer párrafo lo escribe Vic, el segundo Cris... y sucesivamente.

2014.
Este me ha enseñado que como siempre la vida se escurre entre los dedos sin dejarse clasificar, sin dar tregua para decidir si fue bueno ese año, o si no lo fue, o si tal vez lo fue todo a la vez y al mismo tiempo.

Y yo que pensaba que tendría 365 oportunidades más, como si el mundo no hubiese girado mientras me quedaba en mi casa sentada, esperando que mis deseos llegasen como un soplo de diente de León.

Y yo que creía que el amor se podía etiquetar; que las palabras se entienden mejor que una caricia; que Dios ya no nos quería escuchar.

En vez de esto he aprendido que la calma a veces es el mejor refugio para una tormenta de sentimientos, que los gritos desgarrados o de negra (como diría un bohemio que conozco) valen más que cualquier consejo. He aprendido que los diluvios inundan vidas, pero que no sólo el sol es capaz de disuadirlos: también los amigos.

Que la receta de la felicidad varía según el paciente, y que las verdades amargas son más dulces que el cobarde que no las afronta. Y que al final no hay nada peor que el miedo a cambiar; el miedo a encarar la línea de horizonte, el miedo a dar un paso, el miedo a dejarte atrás.

He aprendido que estar triste no es lo mismo que hundido, y eso que a la gente le da por confundir términos. Ni es lo mismo ser independiente que libre, pero qué bien sienta echar a volar de todas formas. He aprendido que quien te quiere, no te daña, y quien diga lo contrario vive en una lucha constante con la realidad; que asumir errores te hace más fuerte y ocultarlos te mancha de debilidad.

Ahora sé que el sinónimo más cercano a la tristeza se pronuncia rutina, y se deletrea en torno a las horas perdidas de los siete días de una semana de enero bajo la lluvia. Que mi tipo favorito de gente es una mezcla única entre locura y lealtad, que las mejores personas saben galopar desbocadas sin soltarte la mano. Y que la distancia mucha veces es mayor con el que está a tu lado que con el que se encuentra lejos.

También he aprendido que la gente te sorprende y lo gratificante que es equivocarse. Que los prejuicios y juicios no son más que inseguridades, envidias o miedos, y que un miedo no siempre es malo, a veces necesitamos un chute de Humanidad.

Pero sobre todo este año me ha enseñado a dar las gracias. Gracias por tanta felicidad, tanto amor, tanto apoyo. Gracias por dejar tan claro que los recuerdos se reducen a aquellos junto a quien los vives, que cualquier cosa se supera acompañada. Gracias a la vida.

Esta entrada se la queremos dedicar a nuestras personas más importantes del 2014...

V... En primer lugar a mis padres por tanto, tanto, tanto. A Paula, a Marcos, a mis abuelas y a toda mi familia, a Belén, María, Andrés, Guillermo, Pedro, Grady, y tantas personas más que he conocido este año y espero no olvidar nunca, aunque no mencione todos sus nombres. Y por supuesto, como siempre, a mi ángel de la guarda, mi Abu, que aunque no esté, ha estado conmigo todo el año. Ah, sí, y a una rubia que yo me sé. C... Por una vez sobran las palabras.

C... A mis Jander, por formar ese gran equipo que llamamos familia; a mis caracolas, a Carlos, a mis chicos de la ECH, a mis bejaranas, a Irie y tantos otros que he conocido más y más a lo largo de este año. A V, por hacer que este tándem a dos manos siempre valga la pena. Pero en especial a quienes estabais en mi mente cuando escribía estas entradas... Y a Calojupe, siempre a Calojupe, porque los ángeles existen.

C y V.




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