Podrás hablarme de vida, podrás contarme mil cuentos, mil anécdotas y mil mentiras, pero te prometo que nunca sabrás lo que encierra la vida si no estuviste esa tarde, si entonces no viste el mar.
No sabes lo que es si no viste el mar solitario, sin vida. Si no lo viste aislado, abatido por no encontrar el sol. Si no viste el nulo movimiento de las olas porque no tenían fuerzas para más porque alguien había arrebatado su alma, su vida. Porque sin ese alguien, ellas no existían y ese alguien era el sol.
No tienes ni idea de lo que es un escalofrío si no viste cómo se elevó esa ola cuando un rayo de sol apareció de entre las nubes, de su escondite. Si no viste cómo la ola se abalanzó sobre una roca para impulsarse hacia el sol. Si no viste cómo cuando parecía rozar el cielo con la espuma, las nubes se cerraban a su paso y el rayo se perdía.
No sabes lo que es piel de gallina si no viste cómo el sol se sintió el dueño del mundo, el amo del mar, cuando cambió de posición, cuando decidió salir de su escondite. No, no lo sabes. No lo sabes porque no estabas, porque no lo viste. Porque no viste cómo se situó en la línea que divide cielo y tierra, cómo se instaló en el horizonte. No sabes lo que es ver el mar calmarse hasta tal punto de doblar su extensión tan solo para intentar acercarse al sol, pero no sabes lo que es frustración porque no viste cómo no lo lograba.
No sabes lo que es la vida si no viste cómo el sol desplegó su luz sobre el mar, jugando a un juego de niños, y cómo lo iluminó. No sabes lo que es un imposible si no viste cómo el mar se teñía de un azul irreal, eléctrico, del color de los sueños. No sabes lo que es impotencia si no viste cómo el sol decidió parar con el juego y cómo las olas se alzaron tratando de rebelarse contra él.
No sabes lo que es vida si no viste cómo el sol recibía su castigo cuando empezó a atardecer. Pero no sabes, te prometo que no sabes, lo que es perfección si no viste cómo aquella tarde el sol se rendía ante el mar, si no viste cómo se unía con el mar. No sabes lo que son las nubes anaranjadas si ese día no viste el mar teñido por un sol muriendo. No sabes lo que es la vida si no viste cómo las olas enloquecieron cuando el sol se fundió con ellas. No sabes lo que es pensar en las olas como si fueran personas porque se comportaban como tales.
No sabes lo que es ver el mar desorientado, tratando de encontrar a un sol que lo había abandonado.
No, no sabes lo que es la tristeza si no viste cómo el mar oscurecía, cómo el mar se apagaba cuando el sol desparecía. Pero sobre todo, te repito que tampoco sabes lo que es la vida, lo que es el ansia, lo que es el deseo, si no viste cómo, horas más tarde, el mar se alzó, el mar conquistó un acantilado solo por ver una luz en la oscuridad, solo por pensar que el sol iba a regresar.
C.


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