Entrada a dos manos. El primer párrafo lo escribe Vic, el segundo Cris... y sucesivamente.
2014.
Este me ha enseñado que como siempre la vida se escurre entre los dedos sin dejarse clasificar, sin dar tregua para decidir si fue bueno ese año, o si no lo fue, o si tal vez lo fue todo a la vez y al mismo tiempo.
Y yo que pensaba que tendría 365 oportunidades más, como si el mundo no hubiese girado mientras me quedaba en mi casa sentada, esperando que mis deseos llegasen como un soplo de diente de León.
Y yo que creía que el amor se podía etiquetar; que las palabras se entienden mejor que una caricia; que Dios ya no nos quería escuchar.
En vez de esto he aprendido que la calma a veces es el mejor refugio para una tormenta de sentimientos, que los gritos desgarrados o de negra (como diría un bohemio que conozco) valen más que cualquier consejo. He aprendido que los diluvios inundan vidas, pero que no sólo el sol es capaz de disuadirlos: también los amigos.
Que la receta de la felicidad varía según el paciente, y que las verdades amargas son más dulces que el cobarde que no las afronta. Y que al final no hay nada peor que el miedo a cambiar; el miedo a encarar la línea de horizonte, el miedo a dar un paso, el miedo a dejarte atrás.
He aprendido que estar triste no es lo mismo que hundido, y eso que a la gente le da por confundir términos. Ni es lo mismo ser independiente que libre, pero qué bien sienta echar a volar de todas formas. He aprendido que quien te quiere, no te daña, y quien diga lo contrario vive en una lucha constante con la realidad; que asumir errores te hace más fuerte y ocultarlos te mancha de debilidad.
Ahora sé que el sinónimo más cercano a la tristeza se pronuncia rutina, y se deletrea en torno a las horas perdidas de los siete días de una semana de enero bajo la lluvia. Que mi tipo favorito de gente es una mezcla única entre locura y lealtad, que las mejores personas saben galopar desbocadas sin soltarte la mano. Y que la distancia mucha veces es mayor con el que está a tu lado que con el que se encuentra lejos.
También he aprendido que la gente te sorprende y lo gratificante que es equivocarse. Que los prejuicios y juicios no son más que inseguridades, envidias o miedos, y que un miedo no siempre es malo, a veces necesitamos un chute de Humanidad.
Pero sobre todo este año me ha enseñado a dar las gracias. Gracias por tanta felicidad, tanto amor, tanto apoyo. Gracias por dejar tan claro que los recuerdos se reducen a aquellos junto a quien los vives, que cualquier cosa se supera acompañada. Gracias a la vida.
Esta entrada se la queremos dedicar a nuestras personas más importantes del 2014...
V... En primer lugar a mis padres por tanto, tanto, tanto. A Paula, a Marcos, a mis abuelas y a toda mi familia, a Belén, María, Andrés, Guillermo, Pedro, Grady, y tantas personas más que he conocido este año y espero no olvidar nunca, aunque no mencione todos sus nombres. Y por supuesto, como siempre, a mi ángel de la guarda, mi Abu, que aunque no esté, ha estado conmigo todo el año. Ah, sí, y a una rubia que yo me sé. C... Por una vez sobran las palabras.
C... A mis Jander, por formar ese gran equipo que llamamos familia; a mis caracolas, a Carlos, a mis chicos de la ECH, a mis bejaranas, a Irie y tantos otros que he conocido más y más a lo largo de este año. A V, por hacer que este tándem a dos manos siempre valga la pena. Pero en especial a quienes estabais en mi mente cuando escribía estas entradas... Y a Calojupe, siempre a Calojupe, porque los ángeles existen.
C y V.
29 de diciembre de 2014
21 de diciembre de 2014
Indecisos de su propia decisión
Lo echa de menos y las
pistas de su cuerpo le piden que aterrice en ellas con besos, de esos
que le daba en días de hielo y los volvían eternos. Lo echa de
menos y su mirada se pierde entre parejas que bailan, que sueñan,
que aman y no hablan; entre semáforos en ámbar expectantes a que
huya, indecisos de su propia decisión. Lo echa de menos y su risa
revive con la llegada del invierno, ese que tanto le gustaba por su
frío y sus vientos, ese que hacía que los susurros fuesen fuego en
sus oídos y convertía las noches en momentos de anhelo. Lo echa de
menos y no sabe decirle a sus ojos que paren de llorar, que el agua
se la deja a esa lluvia que tanto los hizo bailar; siempre habían
ido a contracorriente del río. Lo echa de menos y sus versos se
confunden con veneno que se disfraza de depredador ávido de sangre y amor, que hiere, pero no mata, que le tiende el abrazo, pero no le da caza.
C.
8 de diciembre de 2014
¿Eres mejor de lo que eras ayer?
Cuando intuyes que el tiempo es una mera elipsis que habitamos, o más bien sufrimos, de lo que de verdad existe en los momentos anteriores y posteriores a nuestra vida. Cuando te das cuenta de que lo que conocemos mientras respiramos no es sino una mínima parte de lo que de verdad existe, pero no es accesible para nuestras capacidades limitadas, para nuestra reducida comprensión. Cuando descubres, por lo tanto, que el abanico de experiencias y estímulos que puedan llevarnos a razonamientos o deducciones por los que tengamos conocimiento de lo que sí está a nuestro alcance, y que ni tú ni yo, ni si quiera el mejor o el más preparado para ello, es capaz de recopilarlos todo en una sola vida... Te das cuenta de dónde está el límite de la humanidad. Y cuando mides en una balanza tus capacidades con tus progresos, te das cuenta de dónde está tu limite. Es entonces cuando el equilibrio de la ignorancia desaparece, la estabilidad de la conciencia se ve turbada por pinceladas de grandes hazañas y es ahí cuando reconoces que tus expectativas cercanas son poco para lo que de verdad eres capaz de alcanzar.
Vivo en constante inspiración y frustración, entre ilusiones y desencantos el tiempo suele expandir sus dominios reduciendo mi zona de confort. Porque cada día soy más parecido al anterior y ayer ya dejé pasar muchas oportunidades, cuando lo que realmente pensaba al verlas pasar era: "cambia, elige diferente". La realidad tiene límites, no puede existir en un objeto más materia de la que realmente contiene, pero las oportunidades y desafíos que se nos presentan durante esta existencia limitada te acercan horizontes. Ayer elegí que hoy quería ser mejor persona y en ese momento fui mejor persona de la que era antes de ayer y, si sigo así, mañana lo seré aún más.
Vivo en constante inspiración y frustración, entre ilusiones y desencantos el tiempo suele expandir sus dominios reduciendo mi zona de confort. Porque cada día soy más parecido al anterior y ayer ya dejé pasar muchas oportunidades, cuando lo que realmente pensaba al verlas pasar era: "cambia, elige diferente". La realidad tiene límites, no puede existir en un objeto más materia de la que realmente contiene, pero las oportunidades y desafíos que se nos presentan durante esta existencia limitada te acercan horizontes. Ayer elegí que hoy quería ser mejor persona y en ese momento fui mejor persona de la que era antes de ayer y, si sigo así, mañana lo seré aún más.
Me gusta la utopía de que no existen los límites porque un argumento típico de un cínico para decirte que no eres capaz de hacer algo es que nadie lo ha conseguido todavía. Los límites de la humanidad han sido rozados por humanos que de forma individual han intentado acercarse antes de ser considerados límites, y yo soy humano. No diré si hay o no límites, pero cada situación nueva a la que nos enfrentamos nos hace estar más cerca del nuestro. Mi límite soy yo en mi máximo exponente,
y vivir en constante proceso de cambio y aprendizaje me hace parecerme cada vez más a lo que quiero ser. ¿Eres mejor de lo que eras ayer?
P
P
1 de diciembre de 2014
Y sin sentido.
El mundo está lleno de poesía.
Como esa que comienza con la curva de su espalda caminando calle abajo, y en ambos lados de su cuerpo las aceras llenas todas con las historias que brotan de los pasos de cada persona que acelera, deambula, se pierde y continúa.
Alcanza el final de la calle y- para, basta, quién es, frena en seco- esa cara se le clava en la boca de estómago como un verso. Se llena la esquina con las palabras que no se dicen esos dos que rehuyen la mirada y se marchan, cada cual robándole al otro un enredo de recuerdos y deseos que entierra dentro con el aliento de un anhelo secreto.
El mundo está lleno de poesía.
Como esa que termina con un corazón latente que corre hacia ningún lugar intentando olvidar que a veces perdemos las alas, la cabeza y el rumbo por una figura inesperada en el otro lado de la acera-
que querer sólo se puede explicar así. Sin explicaciones.
27 de noviembre de 2014
A su lado
Hace algunos años me creía la reina del mundo; lo estaba descubriendo y todas las opciones se expandían por mi mano como un universo infinito que nunca terminaría. Estaba en la cúspide y no escuchaba a nadie que llevase la contraria a mis pensamientos. No por orgullo, sino por humanidad. Descubría por mi cuenta aunque doliese, como si no fuese más fácil aceptar que quizá había alguien con una vida un tanto más larga que la mía. Tenía el poder de ser todo y la posibilidad de acabar en nada. Luego me enfadaba cuando alguien no seguía mis consejos, cuando solo oían mi voz, pero no la escuchaban. Pensaba que al no tomar mis advertencias, las personas no confiaban en mí. Elucubraba en mi cabeza sin darme cuenta de que yo era la primera que huía por completo de lo que los demás me dijeran.
Con el tiempo me he topado con situaciones en las que lo he pasado realmente mal cuando he tenido que susurrar un mítico "te lo dije" de forma casi inaudible. Ver a personas que quieres pasar por situaciones parecidas a las tuyas pudiendo haberlo evitado te rompe por dentro. La clave está en que nunca lo habrías podido evitar por mil kilos de voluntad que hubieses puesto al asunto.
He aprendido que las amistades, el amor, el hecho de querer a las personas no se trata de arrasar sus vidas. Ni de llevarlas a tu terreno, o de intentar influir en ellas creyéndote poderoso. No se trata de corregir ni de hablar pensando que te van a escuchar. Normalmente solo oímos porque creemos tener la respuesta correcta en esas opciones desplegadas en nuestra mano. Tampoco se trata de cambiarlas; las personas no cambiamos, es nuestra esencia la que evoluciona en base a nuestra experiencia.
Ya no me miento pensando que tengo el poder sobre alguien y es que existe una línea muy fina que he aceptado no pasar. Una línea que divide al individuo de su sociedad. Una línea que algunos llaman privacidad. Tras esa línea está la vida que nos pertenece por completo. Nuestros errores, nuestras caídas, nuestros aciertos. Nuestros encuentros y desencuentros. Ahí está guardada la libertad para arriesgar. Libertad que protegemos con celo; no intentes cortar las alas a nadie. Ya no pienso que permanecer al lado en silencio supone resignarme o perder la partida. Es todo lo contrario: supone ganar, transmitir confianza y no autoridad. Es proteger, pero no frenar. Reforzar y nunca forzar. Apoyar. Amar.
C
Con el tiempo me he topado con situaciones en las que lo he pasado realmente mal cuando he tenido que susurrar un mítico "te lo dije" de forma casi inaudible. Ver a personas que quieres pasar por situaciones parecidas a las tuyas pudiendo haberlo evitado te rompe por dentro. La clave está en que nunca lo habrías podido evitar por mil kilos de voluntad que hubieses puesto al asunto.
He aprendido que las amistades, el amor, el hecho de querer a las personas no se trata de arrasar sus vidas. Ni de llevarlas a tu terreno, o de intentar influir en ellas creyéndote poderoso. No se trata de corregir ni de hablar pensando que te van a escuchar. Normalmente solo oímos porque creemos tener la respuesta correcta en esas opciones desplegadas en nuestra mano. Tampoco se trata de cambiarlas; las personas no cambiamos, es nuestra esencia la que evoluciona en base a nuestra experiencia.
Ya no me miento pensando que tengo el poder sobre alguien y es que existe una línea muy fina que he aceptado no pasar. Una línea que divide al individuo de su sociedad. Una línea que algunos llaman privacidad. Tras esa línea está la vida que nos pertenece por completo. Nuestros errores, nuestras caídas, nuestros aciertos. Nuestros encuentros y desencuentros. Ahí está guardada la libertad para arriesgar. Libertad que protegemos con celo; no intentes cortar las alas a nadie. Ya no pienso que permanecer al lado en silencio supone resignarme o perder la partida. Es todo lo contrario: supone ganar, transmitir confianza y no autoridad. Es proteger, pero no frenar. Reforzar y nunca forzar. Apoyar. Amar.
C
19 de noviembre de 2014
Bang
No tengas las cosas claras. No busques un camino recto a través de cada día- que eso no puede ser, no funciona el corazón para suponer que conoce sus propios latidos... Como si no fuésemos todos terremotos que nunca saben adonde llegan girando, como si se pudiese contener dentro de los siete días de la semana lo que siente el que vive y llora y grita. Y es que si pudiese adivinar adonde voy, ahí que me iría; si me supiese las coordenadas de este destino recorrería el trazo del camino en un mapa dibujado a recta de cuadrícula y llegaría paseando.
Pero nosotros somos más de ir dando tumbos en la oscuridad, sin saber, sin entender, cruza los dedos que igual no nos caemos. Pero no me pidas una explicación detallada de lo que pasa por mi cabeza, qué, qué, qué, yo no lo sé, a veces pasa simplemente el abrir los ojos sin darte cuenta de nada. A veces tiran demasiado las ganas de echar a correr tras el golpe seco de un portazo y hasta luego.
V.
9 de noviembre de 2014
Del des-amor y otras cosas
El otro día lloré; hacía mucho que no me pasaba. Y cómo no: me acordé de ti. Había hablado con ella de la vida, las ausencias, el desamor. Me asomé a la ventana y te vi. Nos vi. Y tuve miedo, un miedo que llevaba años sin sentir. Recordé cómo es ser pequeña y esas pesadillas que los cuentos con moraleja provocan. Como si algún día hubiese dejado de creer en ellos; yo qué sé. Sentí frío, me congelé. Me encontré vacía, me di cuenta de que te habías ido. Creo que era la primera vez que comprendía tu ausencia porque dolerla, la había dolido hacía ya muchos meses. Pero no así. Me sentí indefensa, sin una parte de mí y entendí que jamás la iba a volver a tener. Y es que no sé qué le pasa al desamor, igual se ha vuelto loco, pero le ha dado por hacer que las personas se entreguen parte de su corazón. Como si tuviésemos más de uno para poderlo recuperar en caso de pérdida. Que he olvidado parte del mío desde que te fuiste y no sabes qué frío. Que sí, que sí, que yo era de las que defiende el invierno y todo ese rollo, pero este es el primero sin ti y el café y las charlas te echan de menos. Que me he dado cuenta de que tengo miedo de no volver a amar, de tener mucha teoría, que no me quede práctica. Creo que el motor te los llevaste con esa parte de corazón que el desamor me obligó a entregar. Que tengo miedo de tu foto, de que se borre el recuerdo, como ese dibujo en el suelo. Tengo miedo de que seas una imagen en la mente, de que no nos quede más. Que me sientas extraña, desconocida, que no disimules, o lo hagas tan bien que acojone. Y volvemos al miedo y a la mierda de perderte. O al miedo a perderte. Es que no sé a que viene la idea que inculca la sociedad de que dos personas que hayan sido una no se echen de menos. Que no está permitido el necesitarse, que hay que aparentar ser independientes y retomar una vida que en algún momento planearon juntas. Como si fuese tan fácil volver a nacer después de la muerte.
C.
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