Al mirar a la cara a la Felicidad
No vi trofeos, ni metas,
Ni picos de montaña
cubiertos por el fino polvo de la ambición.
No encontré escenas perfectas, ni sonrisas de revista,
Mujeres esbeltas o urbanizaciones de playa privada.
No encontré diplomas, certificados de autenticidad,
Planes de pensiones o razas de puro pedigrí.
Tampoco vi a quien apuesta todo por la promesa
De tierras lejanas, soledad, amor del que mata.
No vi el rechazo de todo lo convencional,
Cabañas de madera, telas de colores, playas desiertas
El lado alternativo de una misma moneda.
Con nada de eso me topé.
Al mirar a la cara a la Felicidad,
Observándole pasear bajo el sol de media tarde,
Recordé tus dedos en mi pelo
Su risa y su llanto
El color del punto que une tierra y marea
El sabor de las noches, y el tiempo que pasa
Por mí pero no entre nosotros.
Vi su calle un martes por la mañana,
El camino que recorro en bus cada viernes,
La rutina de tumbarme a su lado,
la belleza de quien se acepta totalmente.
Encontré más sueños que proyectos,
Dignidad, cariño, verdad, complicidad,
El sonido familiar de las voces de los que quiero.
Al mirar a la cara a la Felicidad,
Vi a quien acepta
Este momento, cada segundo, instante
Respirando tranquilo,
Sabiendo mirar a su alrededor
Y apreciando lo que ve, siente, escucha, ama.
V.
10 de mayo de 2015
2 de mayo de 2015
te doy
te doy mis manos para juntar escombros con ellas, reedificar sentimientos entre murallas de capas y selvas; para construir aldeas de luz en una oscuridad a la que estamos atados por cadenas, que encierran, pero no nos callan;
te doy mis ojos para que veas colinas de hielo, montañas de rocas, picos con fuego; lo que sea, el caso es que lo bebas, o lo sientas o lo creas; para que te llegue un escalofrío entre miradas, entre bajadas de cabeza y sonrisas que se escapan; entre un sentimiento latente, expectante a estallar;
te doy mis labios para que beses la colilla de un tango acabado, para que conozcas el sabor del adiós; para que saborees el poso agrio que queda detrás de la lengua después de un último beso y el sinsabor de ese paso que no diste, la duda de un "pudo ser";
te doy mi olfato para que te empapes del olor del miedo, ese que solo distinguen los perros, pero, dime, qué perros, si nos convirtieron en ellos
te doy mi oído para que escuches los gritos de un pueblo que sufre esperando ayuda en una guerra de palabras en la que las armas dan la espalda para convertirse en vallas que encierran y agobian; cárceles ilusorias que sueñan con nuestra propia represión.
te doy mi cuerpo para que nazcas, para que crezcas, para sientas con todas las partes de él; para que entiendas que vivir es morir en el intento de alcanzar ese grito que se tiene en el pecho, que se escapa por momentos, cuando retiras la venda de los ojos y te lanzas a buscar y a encontrar fuera de las cuatro paredes que siempre agobiaron.
C
23 de abril de 2015
23 de Abril
17 años, una ciudad soleada, el pelo oscuro
Que resbala por mi espalda:
Todas esas cosas soy.
Pero, sin duda, sin miedo,
También soy muchas otras cosas.
El fuego de un dragón,
Sobrevolando la planicie de una tierra lejana
Las manos de un asesino,
La sangre de la víctima,
El susurro del que escapa, a medianoche,
De una prisión de piedra bañada por las olas de un mar enfurecido.
Soy un rey que teme por su pueblo,
Un pueblo que quiso derrocar a su rey;
Soy una casa de campo bañada por la monotonía,
Un desierto, el crujir de la madera
Bajo los pasos temblorosos de quien no se quiere dejar ver.
Soy otra época, tantas distintas,
Que por mí corren imperios, anarquías, utopías.
Soy heroína de mil destinos, y también ese
Que negó el suyo y salvó el peso de la circunstancia
Por la innegable voluntad de su bravura.
Soy el que muere por amor,
El que huye, el que lucha, el que gana,
Y sobre todo
Soy el que crece
Con cada nueva aventura.
Con cada nueva aventura.
17 años, una ciudad soleada, el pelo oscuro
Que resbala por mi espalda...
Y un libro entre las manos.
Yo también soy todas las historias que he leído.
Feliz día del libro,
V.
12 de abril de 2015
De la magia y la razón
La diferencia entre Lola y el resto de niños es que mientras ellos señalaban el engaño, ella se unía a él y le enseñaba a bailar. Tomaba las motas de polvo, las juntaba entre las faldas de su vestido y con mucho cuidado las soltaba a la luz de la ventana de la habitación. Las motas se movían en el aire y brillaban tanto que Lola se tenía que llevar una mano a los ojos para no deslumbrarse.
Los otros niños le daban la espalda y cuchicheaban entre sí. Y uno bajaba corriendo a llamar a la señorita Sadness.
Ella llegaba y reinaba el silencio. Luego regañaba a Lola por estar siempre en las musarañas, abría la ventana tosiendo y las motas volaban lejos de allí. Entonces preguntaba a la niña por qué hacía esas cosas. Lola miraba extrañada y respondía "¿Es que no se da cuenta, señorita? Son luciérnagas. Ellas también tienen derecho a saber bailar."
C.
1 de abril de 2015
Que valga la pena
Busca a quien
Irrumpa en tu mundo del revés,
Versando tu tristeza entre los enredos del cabello,
Rezando por tu risa y rompiéndote
Uno a uno los juicios, prejuicios
Desdoblando paisajes, ensamblando oasis,
Proyectando las desalegrías, desvaneciéndolas,
Acabando poco a poco con ese peso
Del miedo que pesa en tu garganta.
Quien sepa que no es más quien más
Dice, tiene, traga, gana...
Sino quien mejor acepta, ama, camina, respira.
Alguien que conozca las claves
De tu adrenalina y tu calma en pareado,
Que sepa activar a la par tu paz, tu euforia,
Quien te mire a los ojos aportando algo auténtico,
Lejano, único, profundo,
Y te escuche, te hable, te entienda.
Busca a quien despunte en un mar de expresiones vacías,
Quien te quiera, te alce, te levante siempre.
V.
Quien te quiera, te alce, te levante siempre.
V.
16 de marzo de 2015
Querida tú
Querida tú,
Vales más que dejar que la superficialidad de algunos te arrastre de la oreja como si fueras una flor del campo a su disposición. Más que ese espejo que te devuelve la mirada y te dice que no salgas a la calle, que te van a mirar mal. Que ese trozo de bocadillo que te insinúa con sus migas lo que te han enseñado a odiar. Vales más que esa risa a tus espaldas, es grano en la cara, esa revista de moda que te dice que en cinco días vas a adelgazar. Vales más que ese llanto sin helado porque sabes que eso solo cuenta en las películas, que en la realidad un vaso de agua y a correr: no vaya a ser que tengas que estar tres semanas para quitártelo y no, no tienes tiempo. Vales más que ese imbécil que te miró de pequeña y te dijo que tenías la cara como una paella, o el otro que te gritó delante de todo el colegio que te estaba empezando a salir bigote cuando él tenía una pelusilla que ni Torrente a sus años. Vales más que esa bajada de ojos a tu pecho descarada y ese cambio de mirada cuando ve que te has dado cuenta. Más que ese que te toca el culo en una discoteca como si fueses un mono de feria al que hay que exponer para que todo el pueblo lo vea. Vales más que ese que te llama puta como si hubiese descubierto el mejor insulto del mundo para transmitir la envidia que le da tu buena suerte en la cama. O ese que te llama monja porque tienes tus principios y no vas a permitir un arrepentimiento de por vida por su culpa. Vales más que ese que te da batallas constantes por una personalidad que choca con la suya, como si uno no se enamorase de una persona en su totalidad y no solo de una parte. Ese que hace guerra de guerrillas sin organización ni argumentos. que pierde las discusiones por no tener excusas que decir. Ya lo decía algún anónimo de esos que tanto se llevan: si no te paz, al menos que te haga bien la guerra, pero no una chapuza. Vales más que ese anuncio de colonia en el que siempre la tía sale desnuda y es alcanzada al final por un hombre macizo que jamás pasa de quitarse la camiseta. Más que los ránquines que hacían los niños cuando eran críos puntuándonos y las lágrimas y mocos ahogados en el jersey del colegio por no estar en los primeros puestos. Vales más que la sonrisa sarcástica en la cara de algún iluminado cuando respondes algo inteligente a la pregunta con la que pretendía ganarte en menos de un minuto. Vales más que el demonio que tienes dentro, que se grita con tu ángel cuando te seduce la idea de mostrarte diferente para gustar al resto. Vales más que tus piernas, que tu culo, que tus tetas. Que tus ojos, tus pelos, tus pecas. Vales más que tus vestidos, tus faldas, tus medias. Que tus complejos, sus medias tintas, tus inseguridades, tu belleza.
C.
"Beauty begins the moment you decide to be yourself", Coco Chanel
9 de marzo de 2015
AM-ARTE
Traga la lluvia de esos ojos, eterno mar. Ahógame en tus aguas y conviérteme en un naufrago que sobrevive al bravío de las olas. Arrastra mi cuerpo hasta la orilla y abandóname sin esperar a que alguien venga a rescatarme. Quiero ser un marinero perdido y vagar sin rumbo, buscando sus tesoros escondidos. Qué dulce es el tiempo cuando nos invade el olvido. Desgarraste mis recuerdos y los tiraste al vacío, sin importar que aún miraban sus ojos buscando los míos. Cuando el sueño acuda a desvelarte y la mañana te impida despertarte, déjame decirte que amarte me costó mucho más que olvidarte.
A.
A.
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