9 de marzo de 2015

AM-ARTE

Traga la lluvia de esos ojos, eterno mar. Ahógame en tus aguas y conviérteme en un naufrago que sobrevive al bravío de las olas. Arrastra mi cuerpo hasta la orilla y abandóname sin esperar a que alguien venga a rescatarme. Quiero ser un marinero perdido y vagar sin rumbo, buscando sus tesoros escondidos. Qué dulce es el tiempo cuando nos invade el olvido. Desgarraste mis recuerdos y los tiraste al vacío, sin importar que aún miraban sus ojos buscando los míos. Cuando el sueño acuda a desvelarte y la mañana te impida despertarte, déjame decirte que amarte me costó mucho más que olvidarte.
A.





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