La diferencia entre Lola y el resto de niños es que mientras ellos señalaban el engaño, ella se unía a él y le enseñaba a bailar. Tomaba las motas de polvo, las juntaba entre las faldas de su vestido y con mucho cuidado las soltaba a la luz de la ventana de la habitación. Las motas se movían en el aire y brillaban tanto que Lola se tenía que llevar una mano a los ojos para no deslumbrarse.
Los otros niños le daban la espalda y cuchicheaban entre sí. Y uno bajaba corriendo a llamar a la señorita Sadness.
Ella llegaba y reinaba el silencio. Luego regañaba a Lola por estar siempre en las musarañas, abría la ventana tosiendo y las motas volaban lejos de allí. Entonces preguntaba a la niña por qué hacía esas cosas. Lola miraba extrañada y respondía "¿Es que no se da cuenta, señorita? Son luciérnagas. Ellas también tienen derecho a saber bailar."
C.

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