1 de enero de 2016

2015

El 2015 de CyV. Empieza V y continúa C, pero los párrafos están mezclados. FELIZ AÑO!

Este año he tenido que dejar de correr- para empezar a caminar. Pensé que perder velocidad sería todo desgracia, pero nunca se me ocurrió que al dejar de forzar al máximo la recta final comenzaría a apreciar los detalles más invisibles del camino.

Con cada paso he encontrado algo nuevo. Vi como lo que se acaba al final no se pierde, si uno decide guardarlo dentro y cuidarlo como nunca se cuida a los recuerdos: dándoles únicamente las gracias. Y así descubrí un rostro de niña sonriente reapareciendo en el espejo, y al recordar todos los caminos que parten de lo más hondo del pasado y del corazón encontré el que tenía que seguir recorriendo para no perderla, ni perderme, más.

Este año he aprendido que segundas historias pueden llegar a ser tan buenas como las primeras. He tirado a la basura el miedo a no volver a sentir. He re-descubierto el amor de una manera nueva, y desde que lo he hecho soy más feliz, y más completa, y más auténtica, y más sincera conmigo misma. He dado la espalda a historias furtivas que no me llenan, y he prometido no volver a lanzarme a la piscina hasta no sentir.

He descubierto el tacto que tienen las riendas de mi vida. Me siento más viva que nunca. No solo estoy, sino soy. Soy más consciente que nunca del sonido de mis pasos sobre el camino que he elegido tomar. Suena a gravilla pisada por botas de montaña, a pájaros silbando desde lo alto de fresnos en un valle lleno de historias por sacar a la luz, que quieren de alguien que las explique y las descubra al mundo.

Este año me he topado muchas veces con la felicidad; caminando a mi lado por la ciudad en la que he nacido y crecido, sentada junto a mí a la hora que se pone el sol, cruzando países enteros desde el otro lado del asiento del tren. No sé de dónde se sacan que la felicidad es siempre alegre… A veces ser feliz no es más que verte marchar para saber que vas a volver.

A la tristeza y la ansiedad me las encuentro siempre en el mismo cruce; en el entresijo de la soledad. Sentada en un banco bajo el sol hace pocas semanas escuché una frase que quizás sirva para quien nunca consigue salir del cruce: creer en lo que no se puede ver. Tener certeza de lo que se espera. Respirar hondo y aceptar que lo realmente bello es el misterio que nadie será nunca capaz de resolver.


Me he sentido por primera vez parte del conjunto que es la Tierra. He visto montañas tras ventanas de vagones de tren. He vivido las injusticias intrínsecas al lugar de nacimiento, el repudio de personas hacia sus diferentes, el asco en los ojos, una mano que agarra con fuerza la chaqueta del otro, un grito a las seis de la mañana. He descubierto la curiosidad en los nervios que recorren mi cuerpo, la belleza de un atardecer en los alto de Europa, el frío en la columna vertebral en un avión de vuelta a casa.

Este año he aprendido a vivir por detalles. Si cierro los ojos veo el movimiento inconfundible de unas manos delgadas moverse al hablar; una tarde de verano cerca del mar; una chica siempre sonriente riendo a mi lado. Veo sol, un edredón blanco, un mechón de pelo fino recogido tras la oreja, un mueble de madera israelí. Una taza de té humeante, un pañuelo negro, unas sandalias desgastadas. Cierro los ojos y esté donde esté veo a quien quiero y me quiere, y sé que ahí siempre estarán.

Al encontrarme a la felicidad me confesó que la clave está en dar las gracias; así que allá van. GRACIAS, para empezar, y como siempre, a mi papis por acompañarme en cada trecho de este camino y por no flaquear ni un segundo junto a mí. A Paula por convertirse en parte de mi familia, y a sus padres, Javier y Maribel, por darme un segundo hogar, y a Andrés por ser único. Gracias a Belén, a mi hermano, a las dos Marías, a mis abuelas, mi familia, a Alejandra, a las Hernández, a Grady, a todos. Gracias a Cristina por la complicidad y por entregarte. Gracias a mi Abu por no abandonarme jamás.

Gracias a mis padres por darme el mejor regalo que alguien puede ofrecer: un hogar. Gracias a mis Jander, como siempre, por ser parte de la locura que es compartir toda una vida. Gracias a Pilu por ser mi alma gemela, mi hermana en esta y en tantas vidas que ambas sabemos que compartimos. Gracias a Caracolas, por luchar, luchar y luchar por las cinco, sin rendirse jamás. Gracias a Carlota: a ti te debo cada abrazo después de cada lágrima. Gracias a Maite, ya sé porqué te quiero: por sentirte a gusto en mi tristeza. Gracias a Carlos, como siempre, el Universo no podría haberme puesto un amigo mejor a mi lado. Gracias a mis interraileras por compartir un viaje que he guardado en el corazón. Gracias a mis amigos de la facultad, a Alejandra, a Jorge, a Nando, por ser piezas que hacen más bonita mi vida. Gracias a ti, Simón, por el hilo de plata: lo llevo en el alma. Gracias Calojupe, por ser mi ángel de la guarda.

C y V.




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