A mí que no me busquen donde está mi cuerpo; a mi que me encuentren en el lugar donde está mi corazón. Allí donde rompen las olas, allí donde el tiempo es un paseo tranquilo bajo el sol de media tarde.
Que me busquen más allá de donde ven mis ojos; donde alcanzan mis sueños. Allá donde no se puede sentir el vaivén del sinsentido y el miedo, ahí donde levantarse sabe a viento más que a asfalto mojado, y donde no falta el roce de tu piel y el olor de tu cuello bajo mi piel.
A mí que no me intenten retener amarrándome las manos en torno al ancla de hierro de este mundo; que no, que sigan el vuelo de mis alas planeando alto por encima de los días y las noches, de la vida, hasta perderme en la distancia. Porque a veces nos olvidamos de que también estamos donde preferiríamos estar.
V.
Bien, muy bien!
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