Niña segura de sus inseguridades,
precipitándose siempre, llegando antes de tiempo.
Mide sus palabras y sus pasos,
huye de su sombra y su reflejo.
Culpa a su humanidad por hacerla débil,
a su ataraxia por matar a todas las mariposas que alguna vez se posaron bajo su tripa.
No renuncia a la libertad porque es lo único que la queda,
no recuerda que se sentía al llorar de felicidad.
Se le eriza la piel cuando no la tocan,
se marea cuando todo parece estar en equilibrio.
Sabe que el tesoro está en la pureza de sus amigos,
en la profundidad de sus ojos firma la tregua de su guerra.
A ti, bonita, no se te ha escapado el alma,
solo ha salido en busca de esperanza
para romper todos tus mitos y hacerte utópica.
Y será, entonces, cuando vuelvas,
y emerjas a la superficie de tu confianza.
Busques tu figura en otras manos,
tu latir en otro corazón.
Persigas tus virtudes y aprecies tus defectos,
serás humana y caerás.
Romperán las olas de tus ojos con abrazos sinceros,
y las pupilas dejarán de esconder tu mar.
Encontrarás la paz en tu agonía,
la estabilidad en tu anarquía,
la simetría en tu vorágine.
Estarás indefensa, desnuda y transparente.
E, colaboradora.

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