Os voy a contar sobre las veces que me quedo mirando mi cigarro, con ganas y recelo, porque cada calada me sabe a gloria aunque se que me esta matando. El humo por la garganta, lentamente, bajando. Soy un pez fuera del agua, inhalo gris por la boca porque falta el oxígeno, me estoy ahogando. Exhalo. Lentamente, labios casi cerrados. Fina muralla de un instante, sin viento vuela inequívoca, segura, constante, estable. Pero hoy hay viento, y apenas veo el humo. Exhalo dos veces más, sin que nadie me vea, por si acaso. Parezco idiota, pero me queda la duda de si el gris se me ha pegado a los pulmones. Miro el cigarro que ya se ha consumido por la mitad, puta mierda de industriales, que rápido se acaban, aunque a veces me gusten más. Si por algo prefiero los de liar, cada uno obra de arte, único, especial. Cada calada compuesta de elecciones, sobre que tabaco, que papela y que filtro usar, ah bueno, y dónde vives y a qué estanco vas. Cada uno acariciado, querido, enrollado, siempre hacia arriba, con las dos manos, con cuidado. Están los de cuando vas borracho o tienes prisa, pequeños errores en apariencia si se miran a través de cristales objetivos, y sin embargo necesarios, infalibles, a veces incluso mas gloriosos, porque te dan la vida. Subjetivas las caladas, no dejas que nadie las juzgue, te da igual lo que digan de las pequeñas arrugas en el papel, porque durante 5 minutos, componen tu pequeño paraíso. Que no se nace sabiendo, que se aprende con la práctica, observando; constancia, paciencia. Que se arregla si se rompe, a ver quien es el valiente que se fuma un industrial roto por la mitad sin titubeo a cada calo, porque sabes que en otros cuatro se va a acabar. Pues eso, que decir, que me gustan más los de liar, que gastas menos y te dan más. Que no se consumen a menos que quieras inhalar. Aunque ahora que lo pienso tienen algo en común con los de abre cajeta, fúmame y ya, porque aunque dicen que son mas sanos, para que vamos a aparentar; es una lotería, en el que el premio esta de más. La verdad que no hay mayor traición que el autoengaño, así que si nos hacemos daño, que al menos sea por delante, y no por detrás. Que plantemos cara al riesgo, y sonriamos al azar. Que ya que hacemos algo, que sea de verdad. Porque hay que morir bailando, y no arrastrados por miedo a fallar, porque el miedo a equivocarnos hace a la realidad. Si, lo se, ya me lo has dicho, sé que me puede hacer daño, pero si me gusta ahora, digo yo, ¿qué más da? Que se me ha acabado el cigarro, y me tengo que ir a estudiar. Aunque no sé cuánto voy a tardar en desconcentrarme, sacarme otro, y volver a fumar.
Un día quizás lo deje, mientras tanto, a disfrutar.
G, colaboradora.

No hay comentarios:
Publicar un comentario