6 de septiembre de 2015

End of summer.

Dos visiones de un verano. Empieza Cristina y acaba Vic.



Esto es como cuando de pequeños nos pasábamos los meses de verano encerrando recuerdos en 

nuestra mente para poderlos contar a los amigos a la vuelta al cole, después de comprobar por tercer año consecutivo que lo de crecer no molaba nada porque los uniformes nuevos, que aún no han sido usados, pican un montón, y los libros son cada vez más, y más pesados. Esto es igual, pero sin las palas de la playa, la trenza de hilos que te hacías en el lugar más vistoso de la cabeza, o la competición de un moreno cangrejil que nunca, nunca, superaría a tu amigo que era negro por naturaleza.

Esto es igual, pero con la ilusión de historias que dejas aún sin empezar, o inacabadas, antes de irte de vacaciones, a ver si con suerte consigues conservar la chispa hasta dentro de dos meses; o un primer gran viaje con amigos, de esos que no hacen del verano el mejor de tu vida, pero sí el más especial. O el helado que crees el más impresionante que has probado, no por su sabor (que también), sino por llevar nueve horas caminando por una ciudad con más sol que un desierto a las dos de la tarde. O un tren repleto de inmigrantes por los que te planteas las diferencias que vienen implícitas en eso de nacer en lugares diferentes, esas que se muestran cuando en un vagón lleno las únicas que reciben una sonrisa de la autoridad somos dos europeas.
Esto es igual, pero con la mente cargada del recuerdo de una puesta de sol en un lugar en lo alto del mundo, o las conversaciones en idiomas inventados con extranjeros, porque no te queda otra. O las carcajadas por agotamiento tras pasar dos semanas basando la comida en pan con queso y agua en fuentes que encuentras. O el primer chapuzón del verano, ese único en los días que te queden ahí en el que no te planteas lo fría que pueda estar el agua, simplemente necesitas ese frio. O las acampadas al raso, con veinte capas de ropa encima, un cielo lleno de tantas estrellas que crees que tendrás todos los deseos concedidos de por vida, y quince tonos distintos de risa que se convierten en tu canción favorita. O las mañanas en las que el malestar que llevas en vena se pasa sólo con la presencia de amigos, y no con eso del ibuprofeno y el café.
Esto es igual, pero con un reencuentro en septiembre en el que se sustituyen las galletas Dinosaurios del recreo, por un gin tonic y un paseo por Madrid nocturnos, para acompañar lo de abrir la caja de recuerdos, un poco, sólo un poco, no sea que se escapen.

C.

Apoyado en mi mesa descansa un tarro de cristal a punto de estallar. Al hacer girar su tapa oigo risa lejana y me alcanza el olor de una corriente de ría lluviosa; durante unos segundos, al abrirlo, cierro los ojos y se derrite mi cuarto a mis espaldas. En el bote no cabe mi cuarto, pero sí caben 8 países surcados por las vías de un tren fijado, tanto en el bote como en mi mente, en un permanente viaje al atardecer. 
Compré el bote de cristal hace 3 meses. Lo encontré en una tienda pequeña repleta de estanterías y me aseguré de que fuese del tamaño correcto para lo que yo quería: cabe todo lo que te hace feliz. 
Desde el bote me sonríen cuatro amigas sentadas en una estación rodeadas de mochilas y maletas. De pasar tanto tiempo junto a ellas casi se me olvidó meterlas dentro de mi tarro, pero en un último momento de despedida en un aeropuerto nocturno conseguí acordarme y añadir los 4 objetos de mayor peso a mi recolección. Mis amigas pesan más que 6 capitales europeas y una ciudad pequeña coronada por una iglesia silenciosa.
Les toca ponerse las gafas de bucear y contener la respiración. Tuve que llenarles el bote de agua de mar del norte, y de ese mar un pequeño velero blanco, y de ese velero un chico de melena negra que navega siempre más allá del horizonte. Desde el bote escucho el eco de mis pies reconociendo una casa de piedra y madera que solamente había conocido a través de la voz que me contaba sus historias. El bote cada vez pesa más y más.
Me acerco la tapa a la nariz; huele a ciudad, a finca, a isla, a sol. Con un suspiro me doy cuenta de que el recipiente está tan lleno que tendré que comprar uno nuevo, ya que éste no da más de sí.
Enrosco la tapa e inmediatamente echo de menos el silbido del tren y el sabor de la incertidumbre. Pero entonces, al colocarlo junto a los otros 17 botes que descansan en mi estantería, acabo sonriendo, pensando en los muchos que me quedan por rellenar. Y pienso que no tardaré, en medio de una tarde lluviosa de domingo cerrado, en rescatarlo del estante y recordar el olor de la felicidad. Que cuando lo necesite siempre estará ahí, esperándome.

V.




22 de agosto de 2015

Number 1

Ya lo dije una vez, las mejores personas son una mezcla perfecta entre locura y lealtad. 
Mis personas favoritas tocan la guitarra y son incapaces de aprenderse las letras de las canciones, aunque aún así cantan. Viven pensando en barcos y un sol poniente, el arranque de la moto por la autopista, la tabla de surf olvidada en una ciudad de mar. Mis personas favoritas son despistadas muchas veces; pierden el móvil, la mochila, llegan tarde y se dejan todas las luces de la casa encendidas. Son alegres, abiertos, radiantes, pero callados. Impacientes, caprichosos, activos 24 horas al día... Excepto cuando toca tirarse 3 seguidas al sol para volver moreno al trabajo.
Conducen demasiado rápido, nunca tienen miedo, siempre buscan la siguiente ciudad lejana a la que mudarse. Y siempre acaban volviendo, aunque se tengan que volver a ir. 
Y es que mis personas favoritas son nobles, aventureras, indecisas, cariñosas. Les encantan los perros, los caballos, el mar. Les encantan los amigos, la ciudad de siempre, la sonrisa de una madre. Mis personas favoritas siempre empujan a mejorar, al esfuerzo, el continuar, y sobre todo, el sonreír. Porque, en el fondo, mis personas favoritas, más allá de todo lo demás, son también las más felices. Las que siempre saben apreciar el momento, quedarse con lo bueno y vivir de la manera más auténtica. Las que inspiran sin palabras, sin discursos, sólo con actos.
 A quién vamos a engañar: la verdad es que personas favoritas sólo se puede tener una.

V.



16 de agosto de 2015

INTERRAIL

INTERRAIL


AMSTERDAM


BERLÍN


PRAGA


BUDAPEST


VIENA


BOLOGNA

 
ROMA


 
¡HASTA LA PRÓXIMA!

C, V, M, P, B

1 de julio de 2015

j u l i o

Me caben los días en la mano, como siempre, cuando llega este mes.
Cae lento el sol por el horizonte, su risa, tus palabras, el frío helado del agua al saltar.
Las despedidas, los finales, los últimos minutos de apretujar todo en la maleta y echar un vistazo a tu alrededor para fijar las imágenes de tu cuarto, tu casa, su cara, antes de marchar. 
Este mes es un rostro siempre cambiante, una conversación distinta cada día, ese acento lejano con aire de caricia, un concierto de instrumentos raros y una eterna azotea.
Este mes suena a aviones despegando, a esa gente de verano que quieres sólo tres meses al año, suena a noches más largas y una sábana siempre presta a fundirse con tu piel.
Esta vez  tocan 5 mochilas, 7 ciudades, el traqueteo del tren y la promesa de arrepentirse mejor de lo hecho, que no de lo que faltó por hacerse. Tocan 22 atardeceres y 24 horas al día con ganas, más que nada, de aventura.
Esta vez Julio suena también a muchas cosas que acaban, esta vez para siempre. Como tu calle, tu voz, y también la rutina compartida con ciertas melenas rubias, ciertos ojos verdes, ciertas mañanas de jueves tranquilas. De todo lo bueno también queda un poco de lo malo, como eso de echar de menos una sudadera y unas zapas desgastadas, pero el verano está para no pensar nunca en lo que se deja atrás; así que hasta luego Madrid, te quiero, como siempre, y te veo en septiembre.

V.


20 de junio de 2015

"Soy todas las cosas que no cuento y con las que contaba"

Soy las palabras ahogadas en la garganta con miedo a salir al exterior. Soy el nudo en el pecho, el mar de lágrimas contenidas y las que corren por la mejilla abriendo paisajes en la piel una vez al año. Soy el todo y el nada, el temor a la equivocación, los errores y fallos.
Soy el latir del corazón antes de un primer beso. Soy el escalofrío que recorre la columna vertebral cuando, dicen, otro piensa en ti. Soy la bajada de párpados, la búsqueda de miradas a destiempo que nunca llegan, hasta que los ojos se cruzan. Soy las chispas de electricidad cuando otra piel roza la propia, el cosquilleo en las manos, el sentir una conexión.
Soy quien entiende cuando hablas, quien escucha en silencio entretejiendo hilos mentales para saber qué decir. Soy la angustia que paraliza, quien no se tira del trampolín, quien se ahoga aunque lleve salvavidas. Soy tristeza en la mirada, incógnita, misterio, un no saber cómo explicar. Soy dos caras de una misma moneda, arrepentimiento en vena, pero también un "de nada sirve el y si...". Soy cobardía momentánea enmascarada en firmeza, soy el no encontrar un sitio en el mundo y el emocionarse cuando explican que todos tenemos un lugar reservado. Soy el trueno que precede a la tormenta y el rayo que llega después de ella. Soy principios y finales.
Soy el paralizarse cuando quien te importa llega y congela el resto del mundo. Soy la furia escondida que cuando aparece provoca terremotos. Soy el darse por aludido en cientos de cosas que nunca vienen a cuento, el armarse una película y enseñarla en el cine de la sociedad. Soy el hablar antes de pensar, el camino de sueños. Soy el tener la seguridad de cómo quiero mostrarme y el pensar que así no va a funcionar. Soy el temor a romperme, a que toquen la armadura de hielo, sentimientos y tristeza.
"Soy todas las cosas que no cuento y con las que contaba".
C.

 (photo: V)

29 de mayo de 2015

Palabras para Julia...Paroles sur Julie

De una tía a su sobrina, por su primer cumpleaños.

Mayo
Qué suerte que florezcan las
Amapolas, y que Julia sea torbellino
Puro en la misma estación,
Un torbellino de luz, de verde árbol,
Del punto de la yema de su dedo índice,
De migas de pan.

B, colaboradora.