20 de octubre de 2015

Si fuese un camaleón


Sentada en mi cama a las 20:42 de un martes de otoño griposo, rodeada de mantas y agobiada por el calor de la calefacción, no puedo evitar envidiar a los camaleones.

Si fuese un camaleón a estas horas de la noche me repeinaría la melena con gomina y me trajearía impoluto, mezclándome con la sociedad más exquisita de un cocktail iluminado por la luz de falsas luciérnagas de vidrio florentino. Pasearía serio entre la multitud sin dudar de mi aspecto comedido, atractivo, elegante. Bailaría moviendo únicamente los pies durante toda la velada, y al asomar los primeros bostezos en los labios finos de las mujeres agarraría mi capa oscura y me marcharía por la verja de hierro del jardín. Habiendo dejado tras de mí un perfume ambiguo que quedaría permanentemente grabado en la mente de esa silueta que me observa marchar con su corazón entre los pliegues del traje, arrancaría sutil el motor y desaparecería como una sombra en la oscuridad.

Si fuese un camaleón a esas horas de la madrugada salpicaría mi cara morena con agua de un barreño y contemplaría mi expresión de gitana en el espejo roto de un baño iluminado por la luz clara del amanecer. Me pasaría un dedo fino por el cuello, por el pelo negro, por el hombro. Acariciaría el tacto caliente de mi soledad de noche estrellada y escucharía resonar en mi cabeza un taconeo y una guitarra, un corazón que late. Entonces marcharía por la puerta con el alma en la mano y la sombra del campo dibujado como acuarela ante mis ojos.

Y si fuese un camaleón, cruzaría el campo para llegar al mar. Me fundiría con una ciudad de puentes colgantes, sería una pareja anciana dada de la mano en el porche, sería la cal de las paredes, el movimiento inconstante de los paseantes, todas las tonalidades de color que se funden para pintar el otoño. Si fuese un camaleón…

Sentada en mi cama a las 20:59 de un martes de otoño griposo, rodeada de mantas y agobiada por el calor de la calefacción, me escuece la piel por querer pertenecer a muchos otros cuerpos, a muchos otros corazones, a muchas otras vidas.

 V.

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