Por qué no dejas de nadar siempre
a contracorriente, gira 180 grados y no
le digas tanto que no a lo que te pide el cuerpo, sí, sí, sí, siente la carne los
huesos la sangre, camina si lo que quieres es echar a caminar y quédate parado cuando
ya no puedas más de marearte la cabeza con idas y venidas que no llevan a ningún
lugar; en un sótano a la luz de la bombilla no se siente la caricia del sol, de
una boca cerrada no escapan verdades, metiendo la cabeza entre las cuatro
esquinas de una pantalla de móvil no se
llega a la fotografía de esa playa artificial; no dejes de trabajar- tampoco es
esto un juego dibujado con tiza en el parque, sin consecuencia ni perdón- esto
es la suma de todo lo que hiciste haces y harás condensado en un pestañeo, esto
es la guerra, la paz, el amor y el continuar, así que no pierdas tanto el
tiempo en quejas sobre ese asunto que se escapa de tus manos, concéntrate mejor
en esos que entrelazan sus dedos entre los tuyos y te hacen soñar que esto
quizás no es un sueño; no luches contra la sociedad, no te margines ni
desprecies a la multitud, mejórala, apréciala, escucha las historias de más
voces que tu quejido solitario; la libertad no es un bosque y un taparrabos, es saber respirar entre cuerdas y cadenas sin perder la calma de la felicidad,
sentir una fe tan ciega que ni el más triste domingo te pueda doblegar a la
desesperanza; así que mejor aprender a combinar lo bueno con lo malo, romper el
cristal y salir de este agujero que se llama autocompasión, complacencia y
cobardía.
V.
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